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Conozco a un ejecutivo particularmente exitoso y muy completo. Tiene muy claras sus prioridades en la vida y trata de vivir de acuerdo a ellas. Su carrera profesional siempre ha sido ascendente y él la disfruta plenamente, pero se preocupa mucho de encontrar balance entre su desarrollo profesional, su vida personal y familiar, su salud física y mental, y sus valores espirituales. Él no descuida el equilibrio en una fórmula que parece casi imposible de lograr, pero que es la clave para su éxito como profesional y, más importante aún, como ser humano.
Hasta hace unos años, la “variable” vida personal no era siquiera considerada en las evaluaciones a los ejecutivos. El “trabajólico” era visto como el modelo de ejecutivo ideal: siempre dispuesto a trabajar más que nadie, siempre presente en la oficina y totalmente dedicado a su trabajo. La lealtad se definía, además, en función no solo de ser capaz de entregar la carrera entera a la empresa, quien a cambio de trabajo seguro se reservaba el derecho de asignarnos funciones muchas veces ajenas a nuestros talentos básicos o intereses de desarrollo profesional.
Todo eso cambió en esta época de competitividad a estándares internacionales. Es crítico recordar en todo momento que la única manera de tener éxito es haciendo lo que a uno le gusta hacer y para lo que tenemos facilidad o aptitud natural. Esto puede parecer utópico, más aún en esta época de gran incertidumbre, pero es la clave definitiva para poder hacer, con gusto y fuerza durante muchas horas a la semana, un trabajo que genere valor, resultados y, además, brinde satisfacción personal. La variable satisfacción personal en el trabajo, antes descuidada, hoy encaja dentro del perfil del ejecutivo capaz de entregar pasión en el trabajo y mantener aún una vida personal equilibrada y saludable.
Entonces, si hoy debemos elevar nuestra empleabilidad en cada etapa de nuestra carrera, aprendiendo nuevas habilidades y manteniéndonos vigentes, la satisfacción en el trabajo y el balance dejan de ser un lujo y pasan a ser una precondición para el éxito profesional.
Si usted es como yo y cae a veces lamentablemente en la trampa del exceso de trabajo, perdiéndose en lo urgente y olvidando lo importante y solo lo recuerda cuando está en un avión a 10.000 metros de altura, sin teléfonos que distraen, comprenderá de lo que hablo. Esos momentos de “lucidez ejecutiva” donde uno se cuestiona a dónde va en la vida y evalúa el precio que está pagando por llegar allí, son los que sirven para comprender que el trabajo es importante pero no es lo único que cuenta. Allí sentimos que nuestros hijos no nos ven tanto como deberían, que tenemos olvidados a los amigos, que hasta abusamos de nuestra salud y que no damos de nosotros a otros tanto como pedimos que ellos nos den. Y eso sin empezar a pensar en devolver a la sociedad lo mucho que tomamos de ella o en nuestra responsabilidad real con nuestra gente que espera no solo guía sino también reconocimiento o a veces simplemente calor humano.
En tiempos de cambio e incertidumbre, las empresas requieren no solo gerentes involucrados en cumplir las metas, sino líderes capaces de guiar al equipo, inspirar sueños y facilitar a otros cumplir los suyos así como los propios, con amplitud de mente y de espíritu. Y para lograr cumplir estos roles, los ejecutivos necesitamos fundamentalmente del equilibrio y la paz interna que trae una vida completa y enriquecida por valores humanos, familiares y espirituales. Sin ellos, con solo la ambición o el dinero como factores de motivación, nos encontramos con “ejecutivos – cáscara”, trabajadores pero vacíos por dentro y, sobre todo, sumamente vulnerables ante el estrés, las crisis o los “fracasos”.
Entonces, ¿estamos siendo leales con nosotros mismos, con nuestra carrera y fundamentalmente con nuestra dimensión humana?

La Carrera y la Vida Personal

El éxito no es gratuito. No es algo que nos llegue por suerte, aunque muchos hablen de ella, sino, más bien, por hacer bien las cosas, por ser justo y honesto con uno mismo y con el resto de personas, y por conocerse lo suficiente como para apostar por nuestras capacidades y ventajas competitivas.
Seguramente sueñas con ser un exitoso empresario o profesional, pero ¿cuál es tu definición de éxito personal? ¿Qué estás haciendo para lograr ese éxito? ¿Sabes hacia dónde va tu carrera? ¿Has definido tus metas reales y las habilidades y pasos que necesitas para lograrlas? ¿Conoces tus fortalezas, debilidades y, lo más importante, lo que te gusta hacer con pasión?
¿Tienes ya las respuestas? Si no las tienes, es momento de empezar a responderlas, ayudándote así a trazar tu plan de carrera. Tener un plan de carrera es clave para definir tu nivel de empleabilidad en el mundo laboral. Para entender su importancia, imagina un barco en el puerto, abastecido y listo para partir. ¿No sería absurdo si el capitán y su barco partieran sin destino definido, navegando sin rumbo y sin saber a dónde se dirigen o cuándo acabará el viaje?

En el mundo laboral la seguridad viene exclusivamente de nuestra actitud frente al trabajo y de nuestro nivel de empleabilidad. No basta con ambicionar estar seguro: hay que ganarse esa seguridad cada día de la semana.
¿Cómo empezar? Pues alineando nuestra carrera con lo que amamos hacer. Como vimos hace poco, no hay triunfador que deteste hacer su trabajo o que no sepa lo que es importante para sí mismo, con una escala de valores claramente definida. Lo que acompaña al éxito es el entusiasmo, la pasión por cumplir las metas, la energía y la dirección.
Sucede que hoy, cuando las organizaciones líderes concentran sus esfuerzos en su negocio principal, enfocándose en competir en áreas donde pueden ganar, los profesionales exitosos definen su carrera en función de hacer aquello que gustan de hacer y hacen bien, alineando sus intereses y valores con los de la organización. Miden su éxito en función de logros, resultados finales, valores y ética, innovación y creatividad, crecimiento, ahorro, participación de mercado y, sobretodo, satisfacción del cliente. Los ejecutivos exitosos analizan con seriedad su carrera, sus fortalezas, sus debilidades, sus competencias ejecutivas y sus habilidades gerenciales y las mejoran permanentemente, asociando el éxito de su carrera al éxito de la organización donde trabajan.
Hoy por hoy, en un mercado laboral que sabe premiar al talento y la contribución al resultado, las empresas pagan por la contribución directa a resultados, en una relación en la que ambas partes conocen sus responsabilidades y en la que las expectativas son claras.
Seamos entonces honestos con nosotros mismos, no achaquemos a la “suerte” la responsabilidad de nuestras carreras. Asumamos la dirección de nuestro “barco” con objetivos claros y con un norte que nos lleve no solo al éxito profesional sino, lo que es más importante, a reconocernos como seres humanos exitosos.

¿Sabes Hacia Dónde Va Tu Carrera?

Un ejecutivo nos contaba que su padre era un hombre amable, trabajador y muy dedicado a su familia, siempre esforzándose por pasar tiempo con su esposa y sus hijos. Claro, un par de veces al año se emborrachaba y terminaba golpeándolos a todos, pero los restantes 363 días del año se comportaba como un padre modelo.
¿Podías confiar en él?, le preguntamos. Claro que no -respondió- ¿cómo poder hacerlo?
Hace poco, alguien me acusó de “cuadriculada” por pedirle recibo por sus honorarios profesionales. Furiosa -me imagino que por tener que pagar impuestos-, me increpó que mi moral de “mundo empresarial” no se estila entre “amigos”. Me quedé pensando en su “elástica” moral. ¿Volveré a confiar en su ética o “profesionalismo”? ¡Obviamente no!
El deportista que es fotografiado drogándose, la persona que pone datos falsos en su currículo, el líder que se excusa en la incertidumbre financiera para dejar de lado el respeto a su gente y todavía se dice “socialmente responsable”. ¿Cómo confiar en ellos nuevamente?
¿Podemos confiar en quien engaña, miente o “estira” la verdad en algún ámbito de su vida y se justifica “separando” un mundo del otro? ¿No somos siempre la misma persona, independientemente del entorno o la circunstancia en la que nos encontremos?
La tecnología rompe cada vez más esas “separaciones” entre la vida profesional, personal y familiar. Todo se sabe, todo trasciende, todo puede quedar “colgado” en la red o amanecer publicado en Facebook o en algún blog.
¿Se puede mentir, falsear o engañar y quedar impune? ¡Cada vez menos!
El mundo entero nos mira en cada ámbito en el que nos desenvolvemos y nadie está libre de quedar al descubierto. Todos nuestros actos serán vistos, juzgados y recordados. Cada vez hay menos “barreras” entre lo privado o lo público. La moral esperada es la misma para todos los “sectores” de nuestra vida.
El mundo laboral no perdona a quienes faltan a su palabra o cometen fallas de ética, ¡aunque sean solapadas! Todo se llega a saber. Todo se conoce. Y aunque sea por el temor a que se sepa nuestra falta, es mejor no arriesgarse a perder la confianza de los nuestros o de nuestra gente.
Obviamente no se trata de ser santos o paranoicos, pero si íntegros, transparentes y cada vez más conscientes y responsables de nuestro comportamiento. Y si nos equivocamos, es imperativo ser capaces de reconocer y enmendar la falta rápidamente.
Nuestro país ha avanzado mucho en temas de valores, responsabilidad social, respeto a las personas, a las instituciones y a las normas, como para bajar la guardia y ser permisivos, y menos cómplices silenciosos, con quienes las transgreden impunemente.
Hoy el Perú está en la mira internacional. La permisividad es complicidad. No podemos ser cómplices de nadie aunque eso nos haga “impopulares”. Y el que “todos” hagan algo impropio, no es excusa válida ni da licencia para actuar mal.
Todos queremos poder confiar en nuestros líderes y que nuestra gente confíe en nosotros. Y esa confianza, esa autoridad moral, como sabemos, nace del respeto que mostramos por los otros, de la rectitud de nuestros actos, del cumplimiento de nuestra palabra y de la integridad de nuestro comportamiento.
¿Será el fin de la impunidad? ¡Esperemos que así sea!

Poder Confiar

Hace poco fui testigo de una de esas experiencias que obligan a poner la vida en perspectiva y reevaluar prioridades. Felizmente, todo salió bien, pero la experiencia me sirvió para volver a apreciar lo verdaderamente valioso que muchas veces damos por descontado o asumimos como normal.
Claro, el estrés del día a día y los problemas de siempre jalan tanta energía que muchas veces no alcanza el tiempo para apreciar lo importante, ni menos para agradecer las bendiciones que la vida nos ofrece a diario.
Nos pasa a todos, pero no es excusa para vivir así. Valoramos a la familia o a los amigos cuando ya no están. Tomamos conciencia del privilegio de la salud cuando estamos enfermos. Apreciamos un trabajo cuando lo perdemos o tomamos conciencia de nuestra suerte cuando se termina.
Lo mismo pasa en el trabajo. Sabemos que se nos viene un año difícil. Muchos temen perder su trabajo, negocios o ahorros. Pero muchos aún prefieren 'no pensar' y pierden tiempo valioso para cambiar sus actitudes frente a la nueva realidad que ya está acá.
La empleabilidad en el 2009 será un reto. Es momento de ver las cosas en perspectiva y tratar de aportar valor real cada día. Es imperativo revisar y cambiar actitudes. Estar atentos a lo que pasa, ser flexibles y estar dispuestos a renunciar al status quo y a la zona de confort para lograr ser considerados "recursos estratégicos" frente a la crisis.
Es momento de alinear prioridades con la organización y el equipo para definir los indicadores de éxito que nos permitirán navegar las circunstancias cambiantes. Es tiempo también de reevaluar nuestro perfil profesional y elevar nuestro 'sex appeal' laboral (nuestro mejor recurso para sobrellevar la crisis).
Debemos concentrarnos en fortalecer nuestra red de confianza. Esta época del año es magnífica para expandir la red, manteniéndonos cercanos a quienes apreciamos y nos aprecian, profundizando relaciones con quienes trabajamos, haciendo nuevos amigos, conociendo otros sectores.
Hace unos años un amigo me enseñó a despedir el año con una ceremonia de agradecimiento días antes del 31. Ahora lo hago siempre. Nunca falta quien me mira extrañado: "No tengo nada que celebrar, ha sido un año difícil, nada me salió bien". Y, claro, siempre hay quien se enfermó o perdió a alguien querido, su negocio, su trabajo o su dinero.
Pero cuando llega el momento y alguien empieza a agradecer por estar vivo, por tener a sus seres queridos sanos y cerca, por tener fuerzas para trabajar y salir adelante, por tener la oportunidad de cambiar y de reinventarnos, todos comprenden y sonríen. Y así, tomando conciencia de que lo fundamental es lo único verdaderamente importante, la actitud de todos cambia, nos llenamos de esa energía que contagia y agradecemos a Dios y a la vida ¡por todas sus bendiciones!
Ya sabe: es tiempo de dar gracias. ¡Por todo!

Dar gracias

Todos en el Perú soñamos con ser empresarios y tener nuestro negocio propio. Pero muchos que trabajan en el mundo corporativo deciden ser empresarios sin la debida preparación de su plan de negocio o creyendo en los mitos típicos que rondan al tema empresarial.
Vale la pena repasar un poco esos mitos para decidir si debe ser propietario de un negocio o iniciar un negocio por su cuenta. Siendo un paso tan importante, vale la pena plantearse cómo va a cambiar su vida.
Los siguientes temas representan las formas más significativas en que su vida cambia de empleado o ejecutivo a propietario de un negocio:
Tiempo
Por mucho que usted trabaje como dependiente en un ambiente empresarial, lo más probable es que deba trabajar más duro y por más tiempo como independiente. Doce o catorce horas diarias o más, siete días a la semana, pocas o ningunas vacaciones, son la regla más que la excepción para el propietario de un negocio. El trabajo no acaba el viernes por la tarde. Los fines de semana son para trabajar y uno duerme con los problemas cada noche, ¡sobretodo si es fin de mes y debe pagar la planilla!
Responsabilidad
Al ser propietario de su propio negocio, usted no depende de nadie sino de sí mismo. Las decisiones que usted tome en compras, ventas, inversiones, organización, contrataciones, despidos, etc. y sus resultados son su responsabilidad y de nadie más. No hay a quien culpar por los errores y muchas veces tampoco hay a quien consultar. Mucha gente se asocia buscando minimizar el riesgo, pero lo usual es que los intereses de los distintos socios no se alinean en cada circunstancia y eso puede traer conflictos y desacuerdos al negocio, rupturas y complicaciones.
Riesgo
Ser empresario abarca todos los elementos involucrados al asumir los riesgos del negocio, desde los potenciales apuros económicos derivados de un fracaso hasta el peligro de un desastre financiero personal. Como empresario uno no solo arriesga lo invertido directamente en el negocio, sino que puede terminar comprometiendo todo el patrimonio familiar. El riesgo puede minimizarse con un detallado plan de negocio.
Seguridad
Lo que proporciona el mundo dependiente: el cheque mensual que siempre llega a fin de mes, las prestaciones de salud, el personal auxiliar cuando usted se enferma, las gratificaciones, adelantos, vacaciones pagadas, no son la norma cuando uno empieza como empresario. Cuando se trabaja independientemente, usted es el negocio y debe sustituir esos ingresos y beneficios vía utilidades, hasta que el negocio pueda pagarle el sueldo que necesita para vivir. Su salud debe ser de hierro y tener altos niveles de energía para enfrentar las largas horas del negocio. ¡Uno debe ser más empleable que nunca para que su propio negocio se beneficie!
Reconocimiento
En el mundo del trabajo dependiente, muchas veces existe un sistema que le da un estímulo: puede ser un ascenso, un aumento, un viaje, entrenamiento, el reconocimiento del jefe o los pares. Cuando usted trabaja para sí mismo, esta motivación ya no forma parte de su ambiente laboral. Uno celebra solo y pocas veces tiene con quien compartir las preocupaciones o problemas.
Sociabilidad
Es algo que se tiende a dar por sentado en el ambiente dependiente: los eventos de oficina, las despedidas de soltero, bodas, cumpleaños, aniversarios institucionales, etc. En un negocio propio este tipo de sociabilidad no existe, por lo menos hasta que el negocio tome un tamaño interesante y pueda tener empleados con quien compartir.
Apoyo administrativo
Es otras de esas cualidades del trabajo dependiente. Nos fotocopian los documentos, la correspondencia es procesada, nuestras papeleras son vaciadas cada noche, las computadoras funcionan y sino lo hacen tenemos a quién llamar (¡y culpar muchas veces!), las cuentas de teléfono y el alquiler son pagados por otros, los cheques son depositados en el banco y las cobranzas las hacen sin que pensemos en ellas. Si decide trabajar por su propia cuenta lo más probable es que usted deba realizar muchas funciones y labores de servicio a los que no está habituado.
Identidad
Se trata de un beneficio adicional al que no se suele prestar atención, pero que es muy importante. El trabajo nos define en el mundo de los adultos. Solemos asociar nuestra identidad con la organización o el rubro en el cual trabajamos. El nombre de la empresa para la cual trabajamos se convierte en nuestro “apellido” organizacional. La persona que dice “trabajo en IBM”, por ejemplo, ahorra una serie de preguntas acerca de lo que hace para ganarse la vida.
Estilo de vida
La mayoría de las personas en el ambiente corporativo son capaces de equilibrar las demandas de su empleo con las actividades que han establecido para su vida privada. Cuando el éxito de un negocio depende de usted, es probable que su compromiso con el trabajo deba prevalecer sobre todo las demás actividades, incluso la familia inmediata, el deporte o sus hobbies favoritos.
El espíritu humano es extraordinario. A pesar de las difíciles condiciones económicas que podrían asentarse en nuestra economía, hoy más que nunca las personas están buscando oportunidades en actividades emprendidas por cuenta propia. Entre las razones que más comúnmente se esgrimen están: la autosatisfacción, el deseo de independizarse, las limitadas oportunidades de empleo, las reducciones de personal o las amenazas de despidos.
Lo importante es emprender de manera muy racional y bien planeada, ojalá en temas que nos apasionen y donde tengamos algún tipo de experiencia o conocimiento. Un plan de negocio bien diseñado, tal como el plano de la casa que fuéramos a construir, es vital para emprender un negocio con mejores posibilidades de tener el éxito que buscamos. ¡Suerte!

La Vida del Empresario

Manejaba de regreso de la playa. Delante de mí, un bus avanzaba por el carril izquierdo. ¡Bruscamente, ese bus se abrió a su derecha y me dejó frente a un auto que venía en contra del sentido del tránsito en la autopista! Chocamos.
Para hacer el cuento corto de esto que pasó hace años, quedé atrapada tres horas dentro del auto, con varios huesos rotos y una gran angustia. Así las cosas, alguien que llegó acompañando a unos amigos que acudieron en mi auxilio me propuso hacer un "análisis de situación".
¡Como comprenderán era lo último que quería hacer! Mi situación era mala y mi ánimo, peor. Sin embargo, esta persona me fue llevando a entender mi situación bajo otra óptica: sí, mi auto estaba deshecho, pero tenía seguro. Sí, estaba herida, pero los huesos sueldan y mi cara no estaba desfigurada. Sí, estaba atrapada entre fierros, pero mi hija, que iba en el asiento del copiloto, estaba ilesa.
Logré captar lo que me trataba de hacer ver, algo cambió en mí y pasé a sentirme afortunada. Honestamente afortunada. La perspectiva que esta persona me brindó no cambió mi situación, pero sí mi actitud. ¡Y fue tan valiosa esa ayuda! La recuperación fue lenta y dura, pero la nueva perspectiva que me dio ese desconocido me permitió valorar lo importante de toda esa situación: mi hija estaba viva y bien y así todo se hacía mucho más tolerable.
Cambiar la perspectiva. Mirar con otra visión. Cambiar de actitud. Suena fácil, pero todos sabemos que no lo es. Sin embargo, en situaciones difíciles la actitud con la que escogemos enfrentar el problema termina definiéndolo. Y si bien sabemos que es así, no siempre tomamos control de nuestras actitudes. Lo vemos en quienes pierden su trabajo, una de las experiencias más difíciles de adulto. Quienes, luego de pasado el natural período de duelo, siguen estancados en lo perdido, rumiando su desesperanza, demoran más en recolocarse que quienes escuchan a los que tienen experiencia, se preparan para el nuevo mercado laboral, cambian su actitud de ex empleados a empleables, y se concentran en descubrir oportunidades escondidas, que siempre existen.
Creo que las situaciones difíciles nos dan la oportunidad de definir de qué madera estamos hechos. Nos dan la oportunidad de probar nuestra identidad y valores reales, más allá de la imagen que creemos tener. Y pueden cambiar el rumbo de nuestras vidas. Sin embargo, muchas veces nosotros solos no podemos ver las cosas de una manera diferente. Es el rol del líder, del amigo, la pareja, del 'coach' o del experto, ayudarnos a entender otras perspectivas de una misma situación. Pero aceptarlas y actuar sobre ellas es nuestro gran reto personal.
Nunca he conocido a nadie que le salgan las cosas bien en medio de su mala actitud o su falta de fe en un resultado mejor. Las profecías son siempre autocumplidas. Uno obtiene lo que se programa a obtener y trabaja duro para lograrlo, o no. Es más, tantos años siendo testigo de cómo la gente labra su suerte a consecuencia de su actitud, de su voluntad de dejarse ayudar y de su empeño por salir adelante me confirman que la actitud define el éxito.

Otra perspectiva

Después de semanas de crisis financiera internacional, donde todo puede pasar, muchas personas me preguntan: ¿Cómo sé si soy empleable? ¿En qué debo trabajar para serlo? ¿Cómo elevo mi nivel de empleabilidad? La respuesta no es una sola. Por el contrario, en un mercado tan complejo y cambiante como en el que vivimos, aunque las cosas en el Perú siguen relativamente estables, el hacer una lista de todo aquello que nos hace más empleables, aunque puede parecer muy básica y hasta obvia, es clave para tener el poder de decidir sobre mi proyecto de vida profesional.
Podemos hablar de variadas características que nos diferencian del resto, convirtiéndonos en personas valiosas para la organización y para el mercado en general, pero quizá la más importante es la actitud con la que nos conducimos. Ser empleable es como tener jale, lo que es difícil de describir, pero fácil de identificar: Es mantener nuestro “atractivo” profesional y pleno entendimiento de las reglas del mercado laboral actual o de una serie de competencias que debemos desarrollar como nuestra inteligencia lógica y, muy importante, la emocional. Asimismo, nuestra capacidad de establecer buenas relaciones con personas de todo nivel, tolerar a otros y evitar conflictos.
Recordemos que mucho del éxito profesional está ligado a factores de personalidad, siendo fundamental mantener una buena reputación e imagen, manejando políticamente nuestras relaciones interpersonales.
El tesón, la entrega y la dedicación al trabajo orientado a resultados, calidad y servicio; la ética y valores, la flexibilidad, la adaptabilidad y la capacidad para ser agentes de cambio son todos factores fundamentales en un mundo de cambios a velocidades tan aceleradas. En consecuencia, quien rechace sistemáticamente el cambio o le cueste adaptarse a nuevas maneras de trabajar o de hacer las cosas, estará retrasando su propio desarrollo de carrera.
Es clave saber darle un enfoque empresarial al modo de contribuir, al modo de aprender nuevas habilidades, adelantándonos a los cambios en el mercado. Lo es también mantenernos vigentes y tomar cursos de extensión profesional y post-grado. Dominar el inglés y las computadoras es ahora tan necesario como saber escribir.
Un ejecutivo moderno debe ser capaz de vender ideas a distintos públicos, a través de presentaciones hechas con técnica y fuerza, por lo que no está de más considerar seguir algún curso para hablar en público.

Permanente lectura de temas profesionales, culturales y de actualidad, significan aprender constantemente y estar enterados de lo que sucede en nuestro entorno. La ignorancia se paga cara en el mundo del trabajo. La persona que no está enterada, poco puede aspirar a planificar adecuadamente y menos a liderar. Nuestra capacidad para liderar indiscutiblemente nos hace más empleables.
Debemos trabajar también para mantener una red de contactos vigente y bien mantenida, no limitada a la organización donde se trabaja. Este tipo de redes son verdaderas fuentes de información, promoción y avance profesional, que podemos usar en nuestro beneficio y con resultados extraordinarios.

Para ser empleables hoy debemos ser competitivos y al mismo tiempo saber trabajar en equipo, capaces de manejar las ambigüedades y la paradoja con creatividad y entusiasmo, recordando siempre que nada vende mejor que el éxito y la seguridad.
Finalmente, una persona empleable conoce cómo cuidar su imagen y manejar su márketing profesional, en el Perú y en el extranjero, con locales y visitantes, reconociendo distintas culturas y entornos en un mundo globalizado. No limita su campo de acción o referencia a nuestro país, sino que establece parámetros de comparación con pares de otras culturas, organizaciones y países.
Ser más empleable es, ciertamente, una tarea agotadora, pero es nuestra única garantía de vigencia y competitividad, de poder seguir renovando nuestro “contrato emocional” con la organización en la que trabajamos, o de encontrar un trabajo nuevo cuando y donde lo necesitemos. Este es un esfuerzo diario, pero sus resultados nos llenarán de orgullo y satisfacción.

¿Cómo Ser Más Empleables?

Imagínese que deben operar a un familiar suyo. Naturalmente, querrá al mejor cirujano. Preguntará a médicos y amigos por referencias del más reputado, y si son óptimas, le confiará la vida de su familiar a alguien que hasta hace muy poco era un total desconocido.
Sea que busquemos un cirujano, un abogado, un ejecutivo o un asistente, siempre nos guiaremos por la reputación que le precede. Confiamos más en lo que nos dicen terceros que en lo que dice o promete el propio "vendedor" de servicios profesionales. Este "boca a boca" funciona para casi todo lo que buscamos.
Los profesionales "vendemos" nuestros servicios a quienes nos contratan. Así, es de especial interés que nuestra reputación sea consistente con quienes somos y con nuestras metas. Las referencias son claves para la empleabilidad. A mejor reputación, más empleabilidad.
Por ejemplo, en procesos de recolocación, quienes buscan contratar revisan exhaustivamente las referencias, tanto las "formales" (las sugeridas) como las "informales", contactando directamente a ex jefes, subordinados, pares o ex clientes.
Conocí a un magnífico arquitecto, pero que tenía problemas de relación con sus clientes. Al tiempo, su reputación de "difícil" acabó con su éxito. Lo mismo pasó con un excelente ejecutivo financiero, cuya arrogancia le impidió cuidar sus relaciones con sus pares, limitando sus posibilidades de promoción.
Por otro lado, las faltas de ética o de integridad son obviamente las principales destructoras de la reputación y rara vez quedan mucho tiempo escondidas: hoy todo se sabe y muy rápido.
Ciertamente, la reputación de un profesional se fundamenta en la calidad del servicio que brinda, pero también hay un alto componente subjetivo. Está basada no solo en lo bien que se hace el trabajo, sino también en cómo los otros lo conocen, perciben y mejor aún, aprecian y valoran.
Lo interesante es que muchas personas trabajan de espaldas al cuidado de su reputación. Unos creen que solo deben preocuparse de ella con clientes, jefes o superiores y la descuidan con proveedores, pares o subordinados. Otros creen que basta con ser buenos en su trabajo y caen en la complacencia de no mantenerse visibles ni tender redes de confianza con quienes interactúan.
Mi mamá siempre decía: "No solo hay que ser buena sino también parecerlo". Ella probablemente se refería a cuidar la buena imagen de personas serias y formales que esperaba que sus hijas merecieran y tuvieran. Pero esa frase se aplica también a la necesidad que tenemos no solo de hacer bien nuestro trabajo y vivir con integridad, sino de preocuparnos por ser reconocidos como tales, pero actuando siempre con sencillez y sobriedad.
El Perú tiene hoy una bien ganada reputación que le permite ser anfitrión de dos importantes foros internacionales y recibir inversiones de todo el globo. Esa reputación debemos cuidarla con empeño todos los peruanos.

Reputación y Referencias

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