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Trabajando con personas exitosas uno aprende a reconocer los factores que contribuyen a su éxito y satisfacción profesional. Por lo general, son personas que se toman el tiempo para reflexionar sobre su proyecto de vida y definir lo que quieren lograr en su carrera. Toman conciencia plena de su capital humano (experiencia, habilidades, conocimientos, fortalezas) y se focalizan en sus metas, logros y resultados.
Saben que el retorno de su capital humano depende también de su capital social (relaciones de confianza, imagen, credibilidad y reputación) y mantienen una línea ética, entendiendo que las fallas éticas son imperdonables para quienes apuestan por sí mismos a largo plazo. Actúan con integridad para merecer la confianza de quienes los refieren, sabiendo que lo que hacen o dejan de hacer comunica el valor y el carácter de su marca personal.
Se preocupan de sus relaciones interpersonales y atesoran una extensa y variada red de contactos, especialmente cuando les va bien. Saben que buscar a sus contactos cuando los necesitan —por ejemplo, cuando buscan trabajo— sin haber generado una relación de confianza, es como intentar retirar dinero de una cuenta sobregirada. Desarrollan contactos de todo nivel sin caer en el error de restringirlos solo a pares o superiores.
Ahora también se preocupan de tomar control de su identidad digital, anticipándose a potenciales problemas de reputación en la web. Con frecuencia actualizan su perfil en redes sociales profesionales para liderar la información que los buscadores muestran de ellos. Son propietarios de dominios con su nombre (correo y web) y tienen una dirección de correo personal seria —¿Confiaría en lacobra_78x@...?— para estar siempre comunicados con sus contactos, sabiendo que su dirección laboral puede cambiar de un momento a otro.
Vale la pena aprender de los que brillan e invierten tiempo y energía en desarrollar su capital humano y social. Ellos, sabiendo de lo que son capaces, se muestran al mundo con transparencia y seguridad. Hacerlo les permite balancear mejor su energía y sentirse más motivados, productivos y satisfechos. ¿No es eso lo que todos queremos?

Aprender de los que brillan

¿Y ustedes —nos preguntó mi amiga Luisa, una empresaria española que vive en el Perú— pagan el seguro social a sus empleadas del hogar? Los presentes nos miramos sorprendidos y la incomodidad de algunos se hizo evidente. Su perspectiva de extranjera desnudó lo que hacemos o dejamos de hacer los peruanos, inmersos como estamos en nuestras costumbres y la conversación giró en torno a la responsabilidad social individual. Hablamos de integridad, de valores y de coherencia. De lo que hacemos o dejamos de hacer en la intimidad de nuestras conciencias, empezando por casa.
Claramente es más fácil hablar de responsabilidad social en el entorno corporativo. Todos sabemos que la responsabilidad social es una manera ética de hacer negocios que ninguna empresa seria puede dejar de lado. Que el desarrollo ha hecho que los consumidores estemos muy atentos al comportamiento empresarial y, por ende, somos menos tolerantes con el doble discurso y con la inconsistencia entre lo que se predica y lo que se hace. Pero la pregunta clave es: ¿Somos igual de exigentes con nosotros mismos?
Asumiendo que quien puede pagar por ayuda en casa tiene un nivel económico que le permite mejores oportunidades de educación y cultura, esa posición de privilegio nos genera responsabilidades ineludibles con quienes dependen laboralmente de nosotros. Nada nos exime de cumplirlas.
¿Porque, además, con qué autoridad moral podemos exigir a las autoridades o a los empresarios que actúen correctamente si nosotros no cumplimos ese deber social que tiene tanto impacto en las vidas de quienes cuidan de nuestras casas o de nuestros hijos?
Aprendí de Luisa a hacer esta pregunta “incómoda” y hoy la hago siempre a los ejecutivos en proceso de recolocación, no solo para prepararlos a esa posible pregunta en una entrevista de trabajo, sino porque me permite inferir su línea ética y moral, clave para su empleabilidad. Es un indicador certero del respeto que sienten por las personas y por la sociedad. Además, una persona íntegra cumple su responsabilidad social individual incluso antes de cumplir la corporativa. De eso se trata la coherencia.

¿Y en tu casa qué?

Nuestro país necesita mentores. Aunque suene extraño mi planteamiento, cada día estoy más convencida de que así como un profesional comprometido con su carrera encuentra guía, consejo, perspectiva y un ocasional jalón de orejas en mentores que lo aprecian, nuestro país necesita lo mismo y con urgencia.
Necesitamos poder contar con un grupo de honorables no cegados por el poder o intereses personales a quienes acudir cuando los problemas sean de fondo. Necesitamos personas morales para orientar a nuestros gobernantes sugiriéndoles una visión ética y experimentada en temas de interés nacional.
Me imagino un consejo de patriarcas ilustres y notables, gente libre de escándalos, con gran base moral y ética, capaz de poner el bienestar de los peruanos por encima de intereses personales. Personas que no busquen figurar o ser reconocidas, sino que, con la serenidad y la experiencia de quien ya triunfó por sus propios méritos, perciban que su trascendencia y verdadero legado está en apoyar a su país.
Quienes sean expertos en temas de gobierno tal vez podrán decir que ese rol es una responsabilidad de algún estamento del Estado. Sin embargo, como ciudadana sin ningún expertise ni interés político siento que nadie ejerce hoy ese rol, que sería cercano al de un comité consultivo, una instancia superior con ideas claras y valores firmes, que establezca la visión de país y asegure su continuidad entre generaciones de líderes.
Seguro que quien me lee estará pensando en el enredo político que podría implicar mi sueño: ¿quiénes serían, quién los nombraría, qué pasa con la política partidaria? Pero el que la mecánica de mi sueño se enrede no significa que no sea necesario.
Ojala pudiéramos contar con estas cinco o siete mentes lúcidas, expertas y admirables que ven al Perú desde una perspectiva mundial y que, sin temor y con autoridad moral, pudieran darle un buen consejo o jalarle las orejas al gobernante de turno cuando lo necesite.
¿Se me ocurren nombres para este consejo? Sí, sin duda. Los mismos que probablemente se le ocurran también a usted. ¿Querrían ellos aceptar el reto? No lo sé, pero me imagino que lo ven, ¡tan importante como yo!

Mentores para el Perú

“Mi jefe me contrató para que le dijera la verdad y soy la única que lo hace en las reuniones”, me contó muy orgullosa la ejecutiva. Su jefe, sin embargo, me dice que está harto de ser confrontado públicamente por ella, quien parece no darse cuenta de cuan incómoda y deteriorada está la relación entre ellos.
Los errores de ceguera política están entre las principales razones por las que los ejecutivos son invitados a retirarse de las empresas. Sin embargo, muchos no lo ven así y se equivocan al no aceptar la compleja realidad política de las organizaciones, sobre todo cuando éstas son grandes y de larga data y especialmente mientras más alto se está en la pirámide organizacional.
Muchos creen erradamente que ser político es ser manipulador, interesado o adulador y no se detienen a medir las consecuencias de sus actos y sus palabras y a cuidar sus relaciones con todos. Creen que ser franco es ser tosco o brusco. No cuidan sus maneras y sus formas y tienden a actuar sin tacto o tino. No tratan de comprender el sistema de poder informal y las alianzas que existen en todas las organizaciones entre quienes toman las decisiones. Así, caen víctimas de las luchas de poder de otros. Olvidan que la importancia de llevarse bien con todos y que a más alto el cargo, mayores son las necesidades de reconocimiento y de ego de quien lo ostenta.
Otro error común es no terminar de comprender lo estratégico de la relación con el jefe: la organización es el cliente y el jefe es quien la representa. Si los jefes están satisfechos con la relación y los resultados, seguirán comprando nuestros servicios profesionales. Ciertamente las cosas se complican cuando se tienen varios jefes o cuando el jefe no es el ideal, pero igual el cliente siempre está abierto a mejores opciones con quienes se sienta más cómodo de trabajar.
Las empresas familiares no se salvan de los juegos de poder, sobretodo si los accionistas operan el negocio o cuando no hay un sistema de meritocracia formal bien establecido. No preocuparse de tener una buena y sana relación profesional con quienes toman las decisiones en la organización y sobretodo con quienes tienen el poder de impactar el futuro de nuestra carrera es un error grave y denota una gan falta de visión. Es como vivir de pleito con el principal cliente!
No propongo que seamos sumisos, obsecuentes ni mucho menos adulones. Tampoco que seamos falsos ni menos manipuladores. Más bien sugiero actuar siempre con mucho tacto y mucho tino, con prudencia, trasparencia y lucidez. Por ejemplo si discrepamos con frecuencia con las mismas personas, recomiendo hacerlo a solas, jamás poniendo a nadie en una situación incómoda o desagradable frente a otros. Esos errores políticos quedan grabados en la mente del “ofendido” para quienes dejamos de ser “gente de su confianza”. Las cosas de trabajo deben poder decirse siempre con honestidad y franqueza pero también cuidando el sentir, la autoestima e incluso la dignidad de hacia quien dirigimos nuestros comentarios.
El respeto cabal a personas de todo nivel y en toda situación, empezando con el respeto a uno mismo, es quizá, ¡la mejor manera de navegar exitosamente por los peligrosos mares políticos de las organizaciones!

Errores políticos en la oficina

La sala estaba llena y el relato era apasionante. Más de 30 ejecutivos escuchaban con total atención los pormenores de la ruta que nuestro narrador, un experimentado gerente general, siguió para encontrar su nuevo trabajo ideal.
De repente, el expositor cambió de tono y, sin dudarlo un segundo, empezó a compartir experiencias muy personales. Habló de su familia, de sus temores, de sus inseguridades. Así, frente a nuestros ojos se transformó en el líder fuerte que no teme mostrar su lado más débil. Y habló de Dios, de su fe y de cómo ésta lo sacó adelante en los momentos más difíciles.
Yo podía ver la sorpresa inscrita en la cara de muchos, sobre todo de los más nuevos en el proceso de recolocación. Estamos poco acostumbrados a escuchar sobre la fe y lo espiritual en el mundo del trabajo. Para muchos la fe es algo demasiado personal como para hablar de ella en público. Otros incluso sienten vergüenza de admitir su religiosidad y simplemente no hablan de eso ni la mencionan para nada. Para otros, la fe es algo que está muy lejos de su vida diaria.
De mi experiencia, sin embargo, son muchos más de lo que uno se imagina los que en nuestro país recurren a su fe para salir adelante en un momento difícil en sus vidas. Hombres y mujeres, si tienen la oportunidad de expresarse libremente en privado, mencionan la fuerza y el ánimo que les da, sin importar cuál es su religión ni como la manifiesten.
Así como la experiencia del desempleo termina, en un 93 % de los casos con los que trabajamos, fortaleciendo a la familia y la vida personal, muchos también se vuelven más espirituales, maduran más y pasan a valorar mejor lo verdaderamente importante en sus vidas
El ejecutivo de nuestra historia nos contó también que antes nunca pensó en pedir ayuda a Dios. Que estando de buenas nunca sintió que lo necesitaba pero cuando la situación lo ameritó lo hizo, en privado y sin decir nada a nadie. Quizá por eso fue impactante para muchos escuchar a este exitoso ejecutivo hablar de cómo su fe lo sacó adelante y cómo el acercarse a Dios hizo para él toda la diferencia! De esa reunión todos salimos inspirados y energizados. A mi me recordó que mi fe siempre me ha sacado adelante y hoy, más que nunca y como siempre, también lo hará!

Los ejecutivos y la fe

Multinacionales peruanas. Desarrollo en provincias con una clase emergente muy pujante. Deportistas peruanos exitosos a nivel internacional. Peruanos triunfadores en muchas distintas actividades en nuestro país y en el mundo. El Perú como país exitoso y reconocido. El éxito como concepto relacionado de cerca a los peruanos.
Cuando conversaba en casa sobre hacer este artículo, mis hijos me mencionaron que escribiera de otra cosa, que el tema no es novedoso. Que eso que viene sucediendo, (el Perú con éxitos de peruanos) es “normal nomás”.
¡Me dio tanto gusto el comentario! Me di cuenta de que para ellos, los jóvenes peruanos hablar y escuchar de peruanos exitosos ya no es un sueño, es lo común, es lo natural, es incluso lo que está de moda!
Recuerdo que hace poco más de cinco años prevalecía esa actitud derrotista que decía que los peruanos no éramos exitosos en nada. Que nada salía bien acá. Que no había oportunidades para nadie, que el mercado era muy chico o muy corrupto, que nadie apoya, que todo es muy difícil y complicado….Recuerdo que cuando hablaba sobre la necesidad de crear positivas “profecías auto cumplidas” como base para poder tener éxito en el Perú, me miraban como alguien con un discurso motivador y positivo, pero poco realista. Hoy el éxito en el Perú ya no es el sueño de los optimistas. Es real!
Hoy tenemos ídolos nacionales: los reconocemos, los admiramos, queremos ser como ellos y, ¡nadie se sorprende de eso!
Casos de éxito en campos tan variados como la cultura, el deporte, la empresa, la gastronomía, nos han enseñando a creer en el éxito del Perú y los peruanos. Elevaron nuestra autoestima al punto que hoy la tendencia es a confiar en el potencial de nuestro país y en nuestra capacidad de tener éxito. Hoy nos sentimos orgullosos de ser peruanos y sabemos que nuestro país puede ser cada vez más un buen lugar para vivir y desarrollarnos, para nosotros y nuestros hijos.
Los jóvenes hoy ven su futuro acá: en posibilidades para tener éxito y triunfar en lo que se propongan. Ya no ve el emigrar como la única manera de surgir.
Por otro lado muchos de los peruanos que emigraron hoy regresan buscando las nuevas oportunidades que el Perú ofrece a quienes la luchan cada día.
Hasta imagino que si se diera una amnistía general para repatriar fondos y ahorros de todas partes del mundo, gran parte de quienes buscaron seguridad para su dinero en el exterior hoy lo traerían de vuelta para invertirlo en el país.
El mérito de este importante cambio cultural que estamos viviendo es de muchos: de los visionarios que apostaron por el Perú cuando pocos lo veían aun “viable” o incluso confiable; de los que “redescubrieron” el Perú mostrando lo extraordinario que tenemos, pero que los peruanos habíamos olvidado ver y valorar; de los que se atrevieron a difundir las historias de éxito cuando no estaba “de moda” hacerlo; de quienes lo pusieron en el mapa con sus triunfos personales, apostando por si mismos y sus sueños sin importar las muchas dificultades que aun enfrentamos, sin aceptarlas como excusas válidas.
Ellos son nuestros nuevos héroes, quienes nos han demostrado que las oportunidades existen para quienes se ponen metas altas, trabajan fuerte y juegan limpio. Muchos de ellos son anónimos y gente sencilla pero luchadora. Es a todos ellos a quienes debemos agradecer por este resurgimiento de nuestra autoestima nacional, importante motor de más desarrollo y confianza en el país!

Autoestima nacional

Multinacionales peruanas. Desarrollo en provincias con una clase emergente muy pujante. Deportistas peruanos exitosos a nivel internacional. Peruanos triunfadores en muchas distintas actividades en nuestro país y en el mundo. El Perú como país exitoso y reconocido. El éxito como concepto relacionado de cerca a los peruanos.
Cuando conversaba en casa sobre hacer este artículo, mis hijos me mencionaron que escribiera de otra cosa, que el tema no es novedoso. Que eso que viene sucediendo, (el Perú con éxitos de peruanos) es “normal nomás”.
¡Me dio tanto gusto el comentario! Me di cuenta de que para ellos, los jóvenes peruanos hablar y escuchar de peruanos exitosos ya no es un sueño, es lo común, es lo natural, es incluso lo que está de moda!
Recuerdo que hace poco más de cinco años prevalecía esa actitud derrotista que decía que los peruanos no éramos exitosos en nada. Que nada salía bien acá. Que no había oportunidades para nadie, que el mercado era muy chico o muy corrupto, que nadie apoya, que todo es muy difícil y complicado….Recuerdo que cuando hablaba sobre la necesidad de crear positivas “profecías auto cumplidas” como base para poder tener éxito en el Perú, me miraban como alguien con un discurso motivador y positivo, pero poco realista. Hoy el éxito en el Perú ya no es el sueño de los optimistas. Es real!
Hoy tenemos ídolos nacionales: los reconocemos, los admiramos, queremos ser como ellos y, ¡nadie se sorprende de eso!
Casos de éxito en campos tan variados como la cultura, el deporte, la empresa, la gastronomía, nos han enseñando a creer en el éxito del Perú y los peruanos. Elevaron nuestra autoestima al punto que hoy la tendencia es a confiar en el potencial de nuestro país y en nuestra capacidad de tener éxito. Hoy nos sentimos orgullosos de ser peruanos y sabemos que nuestro país puede ser cada vez más un buen lugar para vivir y desarrollarnos, para nosotros y nuestros hijos.
Los jóvenes hoy ven su futuro acá: en posibilidades para tener éxito y triunfar en lo que se propongan. Ya no ve el emigrar como la única manera de surgir.
Por otro lado muchos de los peruanos que emigraron hoy regresan buscando las nuevas oportunidades que el Perú ofrece a quienes la luchan cada día.
Hasta imagino que si se diera una amnistía general para repatriar fondos y ahorros de todas partes del mundo, gran parte de quienes buscaron seguridad para su dinero en el exterior hoy lo traerían de vuelta para invertirlo en el país.
El mérito de este importante cambio cultural que estamos viviendo es de muchos: de los visionarios que apostaron por el Perú cuando pocos lo veían aun “viable” o incluso confiable; de los que “redescubrieron” el Perú mostrando lo extraordinario que tenemos, pero que los peruanos habíamos olvidado ver y valorar; de los que se atrevieron a difundir las historias de éxito cuando no estaba “de moda” hacerlo; de quienes lo pusieron en el mapa con sus triunfos personales, apostando por si mismos y sus sueños sin importar las muchas dificultades que aun enfrentamos, sin aceptarlas como excusas válidas.
Ellos son nuestros nuevos héroes, quienes nos han demostrado que las oportunidades existen para quienes se ponen metas altas, trabajan fuerte y juegan limpio. Muchos de ellos son anónimos y gente sencilla pero luchadora. Es a todos ellos a quienes debemos agradecer por este resurgimiento de nuestra autoestima nacional, importante motor de más desarrollo y confianza en el país!

Autoestima nacional

¿Contrarías a alguien de quien sus anteriores empleadores y supervisados hablan mal o cuya conducta no es impecable también fuera de la oficina? ¿Asumirías que un ejecutivo puede ser honesto contigo aunque no lo sea con los suyos? ¿Te dejarías operar por un médico al que ves borracho los fines de semana? ¿Construirías tu casa con alguien a quien le han puesto demandas por incumplimiento?¿Puede uno ser integro con unos y no con otros? ¡Obviamente no!
Los logros, competencias, experiencia, habilidades, imagen y reputación son vitales para el éxito de quienes vendemos nuestros servicios profesionales. Son la manera en que conseguimos clientes para nuestros servicios. Es el boca a boca que crea o destruye carreras. Y eso es en todos los ámbitos.
Miremos como ejemplo el caso de esos ejecutivos que siempre son muy buscados por las empresas de selección de ejecutivos. Preguntando al respecto a amigos headhunters, su repuesta es siempre contundente: son personas correctas, con buenos valores, que producen excelentes resultados y son muy respetados y estimados por la gente que los conoce en sus trabajos, sean estos jefes, pares o subordinados. A eso es lo que llamo construir una reputación.
La reputación que precede a una persona corresponde a una realidad percibida por quienes la conocen, para bien o para mal. Esta imagen que proyectamos es el reflejo de lo que pensamos de nosotros mismos, de nuestros valores y nuestro comportamiento. Muchos asumen equivocadamente que su comportamiento privado es invisible y creen que pueden separar su vida personal de la profesional, o que sus “pecados” del pasado serán olvidados.
Sin embargo, la realidad enseña que nuestra reputación está sentada en las cabezas de las personas que nos conocen o que han escuchado de nosotros a través de terceros. Cuidarla, junto con nuestro talento y palabra es fundamental para nuestra carrera y nuestra credibilidad.
He visto a brillantes ejecutivos perder el paso en su carrera por arrastrar reputaciones que los eliminaban de las búsquedas. Y casi siempre esa mala reputación estaba asociada a dudas éticas, a excesos de arrogancia o a malas relaciones interpersonales.
Nunca olvidemos que lo que dice el mercado de nosotros casi siempre corresponde a una realidad ¡que hemos contribuido a crear!

Más sobre la reputación en la empresa

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