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La semana que pasó, 681 de las mentes jóvenes más prometedoras del Perú se reunieron para participar en un verdadero encuentro de líderes: la CADE Universitaria 2009, que organizan IPAE y la Fundación Ferreyros.
Este año, en su 15 edición, tuve la responsabilidad de presidirla. Fue un gran reto ya que el conocimiento y las herramientas, que en estos días pudimos entregar a estos jóvenes integrantes del tercio superior de universidades de todo el país, serán claves para las decisiones que ellos empiecen a tomar desde ya, impactando sus vidas, sus carreras y nuestro país.
No estoy exagerando. Los jóvenes que este año terminan la universidad serán líderes de nuestras organizaciones antes de 10 años. ¿No es lógico, entonces, mirarlos desde ese potencial y, más importante aún, ayudarlos a percibirse a sí mismos como los jóvenes talentos y futuros líderes del Perú que pronto serán?
Hemos alentado a esos jóvenes a que sueñen con un futuro exitoso, a que aspiren a llegar más lejos y que, gracias a su profecía autocumplida, logren realizar lo que se propongan.
También tratamos de impactar al mundo empresarial con un mensaje claro: muchos se han acostumbrado a mirar a los universitarios como a sus futuros practicantes, el primer escalón de una larga carrera, sin reconocer su real potencial, salvo el de ser “más económicos” que los profesionales de mayor trayectoria. Nada más erróneo. ¡Los jóvenes talentos no solo son el futuro! Les hemos pedido que miren sus ojos, el brillo que denota su fuego interno, para que comprendan mejor que ellos son el presente, las nuevas ideas, la renovación, la tecnología, la energía que requieren las empresas, instituciones y la misma sociedad para seguir desarrollándose.
Creo que esta visión que tuvimos quienes organizamos la CADE Universitaria es fundamental para el futuro del Perú: tratar a los jóvenes talentos con el respeto y la consideración que nos merecen aquellos que muy pronto estarán liderando las empresas y las decisiones clave en nuestro país.
¿Y cómo lo hicimos? Pues empezamos por darles una experiencia personal, intelectual y social, completa y trasformadora, con una serie de actividades que reforzaron sus valores, dándoles la oportunidad de cambiar su visión y perspectiva. Buscamos marcar un hito en sus vidas, brindándoles lo mejor que el país tiene para ofrecerles, facilitándoles el descubrir que su futuro y el del país está en sus manos y que dependen de las decisiones que hoy empiecen a tomar. Nos esforzamos en tratar de lograr que perciban el éxito en su futuro, el liderazgo que desarrollarán, y las grandes oportunidades y responsabilidades que deberán empezar a afrontar.
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Empresarios participantes de la CADE 2009. Esta CADE se realizó por primera vez en las instalaciones de la Escuela Naval de La Punta, un escenario de primer nivel en el que ofrecimos actividades académicas como nueve conferencias magistrales, seis conversatorios y paneles y tres talleres con 42 de los mejores expositores y panelistas locales e internacionales (para ver el programa completo puede entrar a www.cadeuniversitario.com).
El programa les ofreció también la oportunidad de almorzar con más de 220 líderes empresariales que llegaron hasta La Punta para conocerlos y contrastar ideas con ellos en pequeños grupos. ¡Los diálogos que se desarrollaron en esas mesas fueron muy enriquecedores tanto para jóvenes como adultos! ¡La energía en la sala era contagiante! También los jóvenes líderes participaron por primera vez en la historia de las CADE Universitarias en ferias de empleos, becas y actividades de responsabilidad social.
Los participantes empezaron a desarrollar redes de confianza basadas en la diversidad, las que ya están manteniendo vigentes gracias a los medios electrónicos, en Facebook, Hi5 y en la web del evento. Creemos que estas redes los ayudarán a no mirar sus limitantes, sino sus oportunidades y posibilidades, apoyándose en sus nuevos amigos de manera muy inclusiva durante su crecimiento hacia el liderazgo. Sus miembros ya están conversando y relacionándose, las redes de confianza y futuro se empiezan a formar.
La CADE Universitaria 2009 fue una experiencia muy gratificante desde toda perspectiva para todos sus públicos. Podemos decir con satisfacción ¡¡¡misión cumplida!!

Conociendo a los Próximos Líderes del País

Para mí, liderar es hacerse cargo. Es inspirar y motivar pero sobre todo es hacer lo correcto. Liderar es asumir la responsabilidad sobre el resultado, en pos de un bien mejor. Liderar es tener la voluntad de soñar y lograr que los otros sueñen con uno, pero es también tener la capacidad de poner en práctica todo lo necesario para cumplir ese sueño.
Ciertamente, el líder se gana el respeto de su gente actuando con ética, integridad y decencia. Cuando tiene autoridad moral y cuando tiene el bienestar de su equipo como una prioridad clara. Es respetado y seguido cuando su gente siente que actúa verdaderamente pensando en ellos y en el bien común. Todos nos damos cuenta cuando el que se dice “líder” actúa buscando su beneficio personal o cuando poco le importamos las personas a quien se supone nos debe inspirar, guiar, cuidar, desarrollar.
Mucho se habla de si el líder nace o si puede aprender a liderar. Ciertamente hay quienes antes descubren que pueden hacerlo o gustan de asumir la responsabilidad de servir a otros. Pero para mí el líder no es el que habla bonito ni dice lo que los demás quieren escuchar solo para ganar o manipular su voluntad. Líder no es quien acomoda su discurso, miente o engaña para perpetuarse en el poder. Cuando eso sucede, las personas le pierden todo el respeto a ese “líder” y cada quien toma su camino. Sin respeto ni admiración hacia el líder, prima el caos, con lo grave que eso puede llegar a ser para el bien común.
Líder es quien tiene la voluntad profunda de llevar a su gente a un lugar mejor. Pero un lugar mejor para todos. Haciendo lo correcto.

Liderar es Hacerse Cargo

Odio la discriminación, creo que todos lo hacemos. Sin embargo, existen formas veladas que son aceptadas como verdades que no requieren cuestionamientos en el mundo laboral.
¿Cuál es el criterio lógico para pensar que una persona de 38 años es mejor que una de 50 o 60? ¿No deberían ser las competencias personales las que nos permitan elegir, en lugar de la década de nacimiento?
La realidad en el país es que muchas empresas tienen ideas fijas sobre la edad de la gente que quieren contratar, poniéndose techos o parámetros que no guardan ninguna relación con las necesidades del negocio o habilidades requeridas para el cargo.
Todos buscan al "tigre verde", ese ejecutivo ideal de entre 34 y 40 años, con idiomas, maestría, 10 años de experiencia gerencial, pero que además quiera ganar poco. ¡Eso no existe! Lamento informar a los que todavía no se han dado cuenta de que quien paga en maní, ¡recibe monos!
La excelencia guarda relación con la experiencia, las habilidades y el espíritu, ese brillo en los ojos de quien muestra sus ganas de hacer las cosas bien, indistintamente de la edad. Esa combinación no cuesta barato, pero pueden estar seguros de que su retorno multiplica lo que se invierte en un profesional con ese perfil.
A pesar de lo que piensan los que discriminan, muchos de los más exitosos profesionales del país tienen edades que van de los 50 a los 70 años. Es más, mi mejor consultor entre 16, tiene más de 70 años. Y lo que llama la atención de él no es su edad, sino su capacidad para ayudar a recolocar a ejecutivos con mayor rapidez que el promedio. Es cierto que hay gente mayor que trae vicios, que no conoce la tecnología o que está cansada. ¿Pero, no existe acaso también gente de menos de 40 con esas limitaciones?
Pero así como no es estratégico discriminar a los mayores, debemos reivindicar también a los más jóvenes. Hay quienes creen que los recién graduados no son sino practicantes a los que hay que exprimir sin demasiado respeto porque no pueden hacer un aporte valioso en el corto plazo.
Opino lo contrario. Los jóvenes de hoy son digitales cuando nosotros somos analógicos. La manera cómo enfocan la realidad, la tecnología y las relaciones es totalmente diferente y nos proporciona una nueva perspectiva invalorable. Ellos tienen una visión fresca que los ayuda a innovar, a gestar cambios. ¡Es la diversidad de los miembros del equipo la que produce resultados excepcionales!
A los jóvenes se les discrimina por su falta de experiencia y no se les valora por su potencial, talento, habilidad o actitud. Muchos empresarios no piensan en invertir en desarrollar gente, la quieren desarrollada y lista. Esa es una visión inmediatista y no necesariamente exitosa en el mediano plazo.
Evitemos esta discriminación rampante que existe en nuestro país que afecta tanto a los mayores de 50 como a los que tienen menos de 30. No busquemos tampoco pagar lo menos posible. ¡Invirtamos en el desarrollo del talento de la gente, que es nuestro principal activo!
Les recomiendo visitar la web de la CADE Universitaria (www.cadeuniversitario.com), que busca, justamente, que los empresarios valoremos a los recién graduados como los jóvenes talentos y futuros líderes que, en efecto, son. No dejemos que los prejuicios nos hagan perder de vista que los mejores profesionales del mercado no lo son por su edad, sino por su excelencia.

Si Pagas en Mani

Una amiga que vive en el extranjero me llamó preocupada. Su esposo está sin trabajo y ella no sabe cómo ayudarlo.
Lo ve cabizbajo, tenso y de muy mal humor. Les está costando comunicarse y a veces terminan discutiendo por cosas sin importancia. Ella tiene sentimientos ambivalentes. A ratos siente rabia por la situación: su marido siempre trabajó mucho por la empresa, incluso dejó de lado eventos familiares, pero eso no sirvió de nada. Ella siente que los han traicionado, aunque a veces lo mira pensando: "¿Qué habrá pasado para que lo saquen a él?".
"¿Qué hago -me dijo-, cómo manejo la situación y, sobre todo, cómo lo ayudo?". Lo primero que se me ocurrió fue explicarle que, más allá de una fuente de ingresos, el trabajo nos define como profesionales y como adultos. Nos da una identidad y nos vincula con una comunidad. Nos proporciona foco y estructura.
Así se entiende que el desempleo puede significar para muchos la pérdida de la confianza en sí mismos. Otros pueden sentirse a la deriva, despojados de todo lo que tenía significado. Ante el desempleo, muchos ponen en duda sus propias habilidades y talentos, aunque su salida nada haya tenido que ver con su desempeño. Hasta al más seguro y exitoso le cuesta manejarlo, sobre todo en sus primeras semanas. Y si la salida ha sido mal conducida por la empresa, muchos sienten que su dignidad ha sido afectada.
Sin embargo -le expliqué-, perder el empleo puede tener algunos elementos positivos. Puede proporcionar tiempo para reflexionar y examinar las opciones que se presentan. Puede servir para reforzar los lazos familiares, de modo que se esclarezcan valores personales. Puede "rescatar" a las personas de posiciones que ya no les representan un desafío. Puede estimular a reformular metas personales así como a reconsiderar viejos sueños postergados.
El reto es convertir una situación negativa en positiva. A pesar de lo traumático que puede ser estar desempleado, hay personas que lo ven como una experiencia enriquecedora de la que salen renovadas, con más vitalidad y confianza. Saben que han superado una de las crisis más difíciles de su vida y ya no les atemoriza el fantasma del desempleo, se saben empleables.
"Tu rol -dije a mi amiga- es vital para el éxito del proceso de tu esposo. Que comprendas realmente lo que él está sintiendo ahora que perdió su trabajo te permitirá apoyarlo a superar su duelo más rápidamente, ver las cosas desde otra perspectiva y ayudarlo a comprometerse activamente en continuar su carrera, buscando trabajo o montando su propio negocio real.
Cuando ya esté en el mercado y sufra los vaivenes de ánimo propios del proceso de recolocación, probablemente serás tú quien deba ayudar a mantener un ambiente estable en casa, manteniendo en su lugar las estructuras, mientras cuidas y apoyas a todos en la familia".
No es fácil. Sin embargo, la experiencia nos permite comprobar que normalmente la actitud del cónyuge hace la diferencia entre una transición suave entre empleos, y una turbulenta y difícil. Y muchas de las familias salen fortalecidas de la experiencia. "Entonces -dije a mi amiga-, ¿cuál es la actitud que estás dispuesta a asumir?".

¿Era Solo un Trabajo?

“Sí, me dijo, claro que recuerdo que les di mi palabra. ¿Cómo no lo voy a recordar? Sé también que me comprometí a pagar por esos servicios, pero nunca les firme un papel. Y así las cosas, ¿cómo esperas que le explique a mi jefe que voy a autorizar ese pago, si nada lo sustenta? Tú sabes cómo son las cosas, papelito manda”
¿Se imaginan lo que cualquiera puede sentir ante un comentario así? Enfaticé que la palabra empeñada vale tanto o más que cualquier documento escrito, que no existe excusa para no cumplirla y que faltarla es además faltarse a sí mismo, que la palabra de un ejecutivo compromete a la empresa y a su imagen.
“¿Confías tanto en la palabra de tus clientes y te cumplen? -me dijo-. ¿En qué mundo vives? Imagino que dirás que trabajas con empresas serias y socialmente responsables. Así cualquiera. Lo que es nosotros, complicados como estamos, tenemos que cortar gastos por donde se pueda y dejar eso de los formalismos. La palabra y la responsabilidad social, para las vacas gordas”.
¿Diálogo surrealista? Sin duda. ¿Común? ¡Felizmente no!
Y es que en el Perú, como en todas partes, entre gente seria la palabra se honra y los acuerdos se respetan, aunque no estén “por escrito”. Entre las empresas y personas serias la palabra dada es suficiente para confiar plenamente y hacer negocios. El capital moral y la palabra valen tanto más que cualquier ganancia o ahorro esperados. Son la base de la integridad y coherencia de empresarios, ejecutivos y líderes en quienes depositamos nuestra confianza con tranquilidad.
La palabra, al igual que la ética, los valores y la reputación, son los pilares del éxito real y moral de cualquier profesional con visión y un mínimo de autoestima personal. Es también, elemento central de la empleabilidad, de la continuidad empresarial y, por supuesto, del éxito en la vida personal.
En el Perú hemos dejado de tolerar la “criollada” de quienes no ven más allá de su ganancia inmediata a cualquier costo. Ya nadie está dispuesto a dejarse tomar el pelo por “vivitos” que se sienten por encima de los derechos de los demás. Esas son conductas y actitudes del pasado que escapan de todo código de ética y que no tienen cabida en un mundo de negocios formal e integrado. Casos de malas experiencias tenemos todos, pero también sabemos que no podemos aceptar pasivamente que sean la norma cultural en nuestro país. Tenemos que ponernos de pie y dejarles saber que no estamos dispuestos a seguir interactuando y menos confiando en quienes faltan a sus compromisos.
Imagino que se preguntarán ¿y cómo acabó la historia? Su jefe se enteró de su mal comportamiento frente a sus distintos proveedores (no por nosotros ciertamente), le enmendó la plana totalmente y llamó a todos a pedir las disculpas del caso y honrar los compromisos. Me imagino el jalón de orejas que debe haber recibido el ejecutivo en cuestión. Pero, ¿habrá aprendido la lección?

Te Doy Mi Palabra

Cuántas veces hemos escuchado a amigos, o a nosotros mismos, criticar al jefe por razones muy diversas. “No me valora”, “no mira mi trabajo”, “yo lo hago todo”, “yo sé más… tengo más tiempo en la organización”, “no se compara con mi anterior jefe”, son algunas de las frases con las que se empieza a construir una barrera que, finalmente, nos aisla de la organización y lleva a lo inevitable: nuestra salida.
¿Qué hacer? Adaptarse es la respuesta, si es que obviamente no hay temas éticos de por medio. Si bien tener un jefe líder que nos valore es el sueño de todo colaborador, el mundo no es perfecto y debemos partir por alinearnos con el jefe que tenemos para así construir una relación laboral que nos beneficie a nosotros y a la organización y, quién sabe, ayude a construir a ese jefe con el que soñamos.
Sobrestimar nuestro poder o enfrentarnos con el jefe, especialmente cuando el nuevo en la organización es él, es una actitud casi suicida. No hay nada que afecte más a nuestra imagen en la empresa que mostrar actitudes como la de sentirse indispensable, autosuficiente o dueño de la verdad. O de tener siempre una actitud de confrontación con el jefe. Por el contrario, ser leales con nuestros jefes y respaldarlos, obviamente dentro de lo que manda la honestidad para con uno mismo, es un valor que asegurará nuestra empleabilidad. Si bien es importante exponer nuestros puntos de vista, lo es también escuchar y respetar los de los otros, generando una cultura de respeto para con nuestros compañeros y jefes.

Partamos entonces con dar el primer paso para construir una relación productiva con nuestros jefes. Aquí les presento algunas pautas para hacerlo:
1. Piense en su jefe como su principal cliente: de él dependerá que la organización quiera seguir comprando sus servicios.
2. No imagine que puede cambiar a la organización o al jefe. Nosotros somos quienes debemos adaptarnos a los diferentes estilos gerenciales y a la cultura de la organización. Obviamente, sin afectar nuestros valores.
3. Nunca subestime a su jefe, muéstrele respeto por más que se sienta frustrado por su desempeño. Tenga paciencia, que es de sabios, y use siempre sus mejores habilidades diplomáticas, tacto y tino, en situaciones de tensión o crisis, sin generar jamás un conflicto abierto con su jefe, y menos en público.
4. Sea cauto y cuídese de crear la impresión de ser desleal. Eso no se lo perdonarán jamás.
5. Recuerde que su jefe también tiene que responder ante otras personas, clientes o accionistas. Cualquier cosa que usted pueda hacer para ayudarlo a ser exitoso, mejorará la imagen del equipo, y reflejará muy bien sus prospectos de carrera.
6. Nunca permita que su jefe se encuentre con un suceso imprevisto, especialmente frente a otros; esto hará que aparezca como desinformado y daría la impresión de que usted no lo está informando adecuadamente.
7. Coopere con su jefe y valore sus aportes.
8. Pregúntese qué es lo que puedes hacer para facilitar el trabajo del equipo. ¿Su trabajo está dificultando o apoyando el trabajo de otros?.
9. No asuma que usted sabe todas las respuestas. Escuche con mente abierta y actúe en consecuencia con las respuestas.
10. Finalmente, su jefe y todos dentro de la organización, solo son seres humanos y necesitan de la aceptación y aprobación de los demás. ¡Nunca lo olvide!

Cuide su Relación Con su Jefe

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