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¿Devolver? ¿Qué? ¿Libros? No sé a qué te refieres con eso de "cultura de devolver", me dijo un amigo cuando le comenté que escribía este artículo. Incluso me miró como si bromeara cuando le expliqué que en otras culturas el devolver a la sociedad lo que ella nos ha dado es una costumbre muy arraigada. Que las personas donan su tiempo o dinero y adoptan causas, comprometiéndose con grupos menos favorecidos, e incluso viajan a países como el nuestro para apoyar obras que benefician a gente que no conocen. "¿Vienen al Perú para levantar colegios, canchas deportivas y ayudar porque sí? Seguro que pueden descontar el viaje de sus impuestos", me respondió incrédulo.
Para muchos como él, los peruanos o tenemos muy poco o ya nos han quitado mucho. También hemos sabido de muchas estafas con la excusa de la caridad y por eso nos sentimos con derecho a no confiar en nadie. Pero igual, como sociedad en general, no tenemos arraigado el compromiso de retribuir, de agradecer y ayudar a otros con menos oportunidades, quizá con excepción de los más humildes, naturalmente más solidarios, y de otros quienes ya lo hacen silenciosamente, pero sin ser tantos, lamentablemente.
Es cierto que hay tanta necesidad que uno siente que su aporte es una gota de agua en el mar, pero el mar está compuesto por millones de ellas. Esa es la idea de arraigar más en el país conceptos como solidaridad y compromiso, y de desarrollar una actitud cotidiana hacia la solidaridad.
¿Para qué? Para ayudarnos a crecer. Sin esperar a que todo lo hagan otros. Imagine que pudiésemos repetir las buenas costumbres filantrópicas de otras culturas, donde las bibliotecas, universidades, colegios, hospitales, programas de investigación o de ayuda existen gracias a la generosidad de personas que donaron su tiempo o dinero para construirlos o mantenerlos. ¿No sería este un país mejor?
Qué importan los incrédulos que piensan que la filantropía es un acto de vanidad de quien quiere poner su apellido en una placa. La realidad es que las obras quedan y son ejemplos para todos.
¿Ejemplo para quién? Para quienes piensan que nada les sobra y no pueden compartir. Ahora que el Perú crece, cuando hemos aprendido a reconocernos como un país que puede tener éxito y logramos navegar con relativa calma la crisis internacional, nos toca ser más solidarios y asumir la responsabilidad sobre nuestro entorno más allá de lo inmediatamente personal. Estoy convencida de que justo ahora, cuando nos consolidamos en un proceso de crecimiento, es momento de dar más a otros y no dejar que crezcan las brechas.
Hagamos por otros sin esperar una recompensa, más allá de la satisfacción de ayudar o devolver. Asumamos nuestra responsabilidad de colaborar con la inclusión, asumiendo nuestra responsabilidad social personal para devolver a nuestra sociedad las oportunidades que nos brinda. ¡Necesidades hay por todos lados! ¡Actuemos!

Cultura de devolver

Siempre admiré la estrategia de tolerancia cero ante faltas "menores" de incivilidad que devolvió la seguridad a Nueva York en los años 80. Esa estrategia cambió la permisividad e indiferencia de la ciudadanía ante lo que estaba dispuesta a tolerar.
Ahora me pregunto: ¿estamos los peruanos dispuestos a dejar de tolerar definitivamente a quienes infringen normas éticas, por menores que estas parezcan?
En todos los ámbitos de nuestra nación abundan quienes son ejemplo de corrección, ética, mesura y honestidad. Pero también hay quienes cometen a diario actos de corrupción "menor", si así se los puede llamar. Desde el convencional coimero, pasando por el que oculta información relevante o el que cobra por mentir, al que vende "gato por liebre", o incumple su palabra, hasta el que ofrece servicios o productos con gruesos conflictos de interés entre sí. Otros quieren definir su propio umbral de ética según sus propios intereses económicos.
Y es que el dinero fácil atrae siempre al deshonesto, para quien toda discusión sobre límites éticos y valores es tan vana como opuesta a sus intereses.
¿Pero qué hacer ante el atropello a las prácticas éticas? Muchos prefieren callar y mirar de lado, resignándose al "para qué hacer algo si nada cambiará". Ciertamente, enfrentarse a personas con "moral elástica" es molesto y tiene sus riesgos. Pero, siendo permisivos ante "faltas chicas", ¿podremos luego quejarnos de atropellos mayores?
Definitivamente, no. Nuestro silencio no puede ser cómplice de los deshonestos, facilitándoles la vida. No podemos callar solo para evitar confrontar. No podemos ser cómplices involuntarios de la mentira.
La corrupción nos ronda con cara de "amigo buena gente" que quiere abrirse camino entre los que trabajan bien. Pero necesita nuestro asentir cómplice para seguir haciendo de las suyas. Solo ante nuestra firme determinación a no dárselo, dudarán antes de planear delinquir con tanta impunidad.
Aquí es donde estamos llamados a un cambio colectivo de actitud: cero tolerancia al corrupto, al de la moral elástica, al de las medias verdades, al vivo. Para un Perú más honesto tenemos que defendernos asertivamente de quienes caminan al filo de la legalidad, sacando pecho de su ética elástica.
Alcemos la voz. Digamos que no. Digámoslo firmemente y sin vergüenza. Pasemos por el momento incómodo, mostremos nuestra desaprobación y seamos firmes en la censura. No les dejemos la cancha libre y digámosles: "Hasta acá nomás. No cuentes conmigo para tus engaños. Que tengas necesidad o problemas no te da licencia para pasar por encima de nadie. ¡De mí y de mi gente no abusas más! ¡Yo soy peruano honesto!".
Como país que recupera su autoestima con una visión positiva de sí mismo, incluyamos en esta visión ser un país cada vez más honesto y leal a los valores.
Y así como mejoramos en indicadores de competitividad y productividad, hagamos nuestro el indicador de honestidad. ¡Para que los peruanos confiemos unos en otros y en nuestras instituciones cada vez más!

Perú honesto

¿Qué organización no quiere tener un equipo de colaboradores muy comprometido y motivado, capaz de generar ideas innovadoras? ¿Quién no desea contar con personas creativas, capaces de enfocar los problemas desde distintas perspectivas para alcanzar metas, mejorar servicios y productos, y lograr la lealtad de sus clientes?
Es obvia la respuesta, todos pensamos que las organizaciones buscan ese tipo de colaboradores. Entonces, me pregunto, ¿por qué cuando algunas empresas buscan personal usan siempre la misma fórmula? Más allá de la profesión, el rango de edades es claro, y dicen, no más de 40 por favor.

¿Qué pasa entonces con la gente de más de 40? Hay quienes piensan en esa edad como el final de su carrera, cuando, para muchos, es el inicio de nuevos retos, la consolidación de la experiencia, el cambio de perspectivas, el mejor rendimiento de sus vidas. ¿No es eso lo que nos hace ser más competitivos?
Hoy, las organizaciones más exitosas son aquellas que valoran y hacen grandes esfuerzos para asegurar la diversidad de sus equipos. Son aquellas que buscan conformar equipos multidisciplinarios, integrando no solo diferentes profesiones y géneros sino diversos puntos de vista, experiencias, edades y hasta creencias.
Atrás quedaron los paradigmas que señalaban que los equipos humanos muy parecidos entre sí podrían lograr por sí solos los mejores resultados. La diversidad se ha convertido en un valor importante en las organizaciones más evolucionadas, las que han sido capaces de superar muchas ideas preconcebidas sobre los perfiles de los “colaboradores ideales”.
Hoy las mejores empresas en el mundo hacen esfuerzos por contar entre sus filas colaboradores de distintos género (¡aunque estamos aún lejos de la paridad!), distintas razas, orígenes, nacionalidades, niveles educativos, creencias religiosas, orientaciones sexuales y, en general, evitan discriminar. Sin embargo, la discriminación por edad en nuestro país sigue siendo algo contra lo que es difícil luchar porque no es percibida como tal, sino como una idea general de que quienes pasaron la barrera son poco flexibles. Yo les pregunto ¿es o no es esa percepción un prejuicio discriminador?
Pues bien, las empresas que buscan el éxito, colocando en el mercado productos o servicios exitosos y mejorando la oferta de la competencia, deben abrirse a la idea de que cualquier tipo de discriminación es terriblemente dañina no solo por ser excluyente, sino también por limitar las posibilidades de los distintos equipos para logar mejores resultados gracias, justamente, a poder ver todos los ángulos de una situación.
En el Perú, las empresas líderes tienen ideas muy claras sobre cómo evitar discriminar por cualquiera de esos conceptos arriba mencionados. Ciertamente es un camino de largo aliento, pero las semillas están sembradas y cada vez más somos testigos de sus esfuerzos para combatir la discriminación, aunque esta muchas veces sea aun un mal latente.
Valoremos la diversidad, demos una oportunidad al verdadero trabajo en equipo dándole su real dimensión: equipo no es un conjunto de personas que piensan y sienten igual, sino un grupo de personas diverso que es capaz de llegar a nuevas y exitosas soluciones por su capacidad de ver más allá de lo evidente, y en eso la edad no tiene nada que ver!
Así como hay gente mayor sin ganas de aprender, esforzarse o dar todo de sí, también hay jóvenes que tienen esas mismas actitudes equivocadas. La edad no es lo que determina la actitud de las personas, ni sus talentos, habilidades, logros o resultados.
El tener más de 40 no nos hace diferentes ni menos energéticos, capaces de aprender o trabajar muchas horas al día. Yo trabajo mucho con gente muy madura, esforzada, vital, innovadora y con hambre de aprender y que tienen en algunos casos más de 60 e incluso 70. Y son además maduros, estables y normalmente están contentos con su trabajo.
Es el mismo caso cuando se discrimina a jóvenes talentosos solo por un tema de su poca edad….. (pero eso será motivo de otro post).
Discriminar por edad es tan obtuso como discriminar por género, etnia, religión, orientación sexual, origen, nacionalidad o cualquier otra “diferencia”. ¡Apostemos por los buenos trabajadores, sin pensar jamás en su edad!

No más de 40 por favor

Muchos se cuestionan el tener que esforzarse para "vender" su imagen o la calidad de sus servicios profesionales. Otros encuentran que cualquier esfuerzo de "márketing personal" es en sí mismo negativo o, cuando menos, innecesario. Yo creo que el tema no es si hacerlo o no, sino cómo hacerlo bien, en su justa medida, con equilibrio, prudencia y, sobre todo, sin arrogancia.
Hace siglos Nicolás Maquiavelo decía: "Todos ven lo que pareces ser, ya que pocos ven lo que eres en verdad". Ayer como hoy, esa es una realidad. Vivimos en un mundo donde la cantidad de información que manejamos refuerza nuestra tendencia a estereotipar a las personas porque no tenemos mucho tiempo para conocerlas.
Es más, la competencia es tan grande que no basta con ser buenos, también hay que parecerlo. Y creo que allí se inician muchos de los problemas. Todos conocemos personas que no paran de hablar de sí mismas, de sus logros, sus éxitos, sus victorias y posesiones materiales. Nadie quiere ser como ellas ni parecer arrogante, más aun sabiendo que nada daña más nuestra empleabilidad que la arrogancia.
Keith Ferrazzi, autor del libro "Nunca comas solo" y experto en redes de contacto y manejo de marca personal, dice: "Los que son conocidos más allá de las paredes de su cubículo tienen más valor. Si escondes tus logros permanecerán escondidos, si no te promueves a ti mismo [¡con gracia, por supuesto!] nadie más lo hará. Tu éxito está determinado por cuán bien otros conocen tu trabajo y su calidad. ¡Promueve tu marca! Promueve tu carrera".
Su mensaje es claro: debemos esforzarnos para dar a conocer nuestras contribuciones. ¿Pero cómo definiremos esa "gracia" que parece ser la clave para no caer pesado o parecer soberbio?
Ferrazzi la define como carisma: "Los exitosos, sencillos, con carreras sobresalientes, relaciones cálidas y un carisma impecable son aquellos que se entregan y no pierden tiempo o energía tratando de ser algo [o alguien] que no son. Carisma es simplemente ser uno mismo. El ser uno mismo es su poder".
En el mercado laboral y en la vida profesional todas las personas quieren recomendar gente seria y muy profesional. ¿Qué es vital para estar en ese grupo? Ser leales, íntegros y honestos. Y que quienes nos conocen sepan que no caemos en la tentación del conflicto ético o de interés. Que respetamos nuestra palabra ¡siempre, sin excusas ni atajos!
¿Cómo desarrollar un halo de éxito que nos diferencie? Siendo genuinos, aprendiendo a escuchar, animando a los otros a hablar sobre ellos mismos e interesándonos realmente por las personas. Nuestra actitud, por supuesto, es clave: siendo entusiastas, hablando siempre en positivo y con pasión, y mostrando genuinas ganas de aprender.
Identificando el lado bueno de cada cosa. Dando apreciaciones honestas y sinceras. Siendo generosos en aceptación y aprobación. Y, como siempre y en todo, ¡dando primero lo que queremos que otros nos den!

El éxito de la sencillez

Ya sabemos que más del 90% de los peruanos soñamos con ser empresarios. Todos quisiéramos tener nuestra empresa para ser nuestros propios jefes, ser dueños de nuestro tiempo y de nuestra vida, ganar mucho dinero y no tener que responderle a nadie.
Sin embargo, los que tenemos un trabajo dependiente tenemos la opción de reconocer que nuestra carrera es nuestro mejor negocio propio y de manejarla como tal. Es más, son las personas exitosas las que así manejan su carrera, como si fuese su propio negocio. De esa manera además, tienen mejores posibilidades de elevar permanentemente su empleabilidad en el mercado de trabajo, tienen el poder de decidir sobre su proyecto de carrera profesional y ser dueños de su destino laboral. Siendo más empleables tienen más opciones de carrera, tienen más demanda por sus servicios profesionales (dentro y fuera de la empresa donde pueden estar trabajando) y por tanto, mayor nivel de satisfacción con su opción de trabajo dependiente.
Entonces, la tarea es reconocernos como empresarios de nuestra carrera y actuar como tales. Así, vale la pena recordar que lo primero a hacer es definir el producto o servicio que vendemos en el mercado. Este es el conjunto de nuestras habilidades, intereses y valores. En otras palabras, son estos tres factores los que definen lo que podemos hacer, lo que nos gusta hacer y cómo encajamos en los distintos tipos de cultura organizacional.
Lo siguiente es definir nuestros distintos "roles" dentro de nuestra empresa–carrera y actuar profesionalmente en ellos:
Como presidentes de nuestra empresa-carrera, es crítico definir la misión de la misma. Es decir, a dónde vamos, cuánto lo queremos y qué precio estamos dispuestos a pagar.
Mientras mejor se hace este esfuerzo de establecer metas u objetivos, más claramente sabremos qué esperar en el camino y podremos anticipar dificultades y planificar soluciones. La misión se define en función de lo que uno quiere hacer, en lo que es bueno haciendo y le gusta hacer, realista y ambiciosamente, con fuerza y lealtad con uno mismo. (La lealtad personal no es un lujo, la satisfacción en el trabajo es una precondición natural para el éxito profesional). El ser presidentes nos obliga a hacer un plan de carrera–vida a largo plazo, a definir nuestra misión personal, nuestros valores y nuestro legado.
Como gerentes generales, somos responsables de la efectividad total del producto, estableciendo la misión y creando el plan de negocios y la estrategia. El gerente general maneja también la identidad de su producto, cuidándola con integridad en todos los aspectos de nuestra vida, tanto personal como profesional.
Como gerente de Planeamiento, es importante saber cuáles son las competencias funcionales, ejecutivas y de liderazgo que nuestra especialidad requiere ahora y en el futuro. Evaluarse a fondo es fundamental. Lamentablemente, no muchos saben por dónde empezar a evaluar sus habilidades y alinearlas con la misión y cultura de las empresas donde trabajan. Igualmente, son pocas las empresas que invierten en el desarrollo de personal en función de su plan estratégico futuro. Pero eso no debe ser excusa para que, como responsables de nuestra carrera, hagamos nuestro propio análisis, mirando el panorama a mediano y largo plazo, planificando, invirtiendo, sacrificando a veces el hoy por el mañana. Cada uno es responsable de desarrollar versiones nuevas y mejoradas de su producto-servicio y de desarrollar nuevas aplicaciones para su uso, siempre anticipando cambios en su mercado.
Actuando como gerente de Márketing, la tarea está orientada a definir nuestros mercados internos y externos, analizando sus necesidades y oportunidades cuidadosamente; así como a reconocer como competidores a todos aquellos que están en carrera también, amigos o no, comparándonos con sus características, beneficios y precios de mercado. Es importante tener siempre al día nuestras herramientas de márketing personal, incluyendo el currículum que resume logros y resultados obtenidos (lo que confirma que el currículum no es un documento diseñado solo para ser usado para buscar trabajo, sino para monitorear el avance de nuestra carrera).
Uno de los roles de más alto impacto en su compañía, como en la mayoría de ellas, es la Gerencia de Ventas. Esta función crea visibilidad para el producto (nuestros servicios), lo lleva al mercado, identifica compradores potenciales y cierra la venta. No está de más recordar que nosotros no estamos a la venta, nuestros servicios sí.
Esto significa estar siempre presente y visible en el mercado, participando en actividades donde la red de confianza se pueda desarrollar cada vez más. Es preocuparnos de tener una imagen exitosa (ya sabemos que nada “vende” mejor que el entusiasmo y la pasión por lo que uno hace, así como que nada la daña tanto como el negativismo), especialmente si estamos empleados mucho tiempo en la misma empresa.
Ciertamente, muchas veces es agotador, después de largas jornadas de trabajo, asistir a invitaciones profesionales, pero para quienes desean mantenerse vigentes, estas son las mejores oportunidades para saber más del mercado, estar contactado y aprender lo que está haciendo la “competencia”.
Como gerente de Administración y Finanzas, es importante organizar nuestras finanzas personales de acuerdo a nuestras aspiraciones. Vemos ejecutivos con muchas posesiones materiales, pero sin ahorros que les permitan sustentar decisiones profesionales o cambios para mejorar, viviendo por encima de sus medios, cuidando solo la imagen y no la realidad económica familiar. Muchos de ellos gastan sin invertir en su futuro y luego no son empleables ni pueden comprar su libertad profesional.
Podemos seguir analizando las funciones gerenciales a desarrollar en nuestra carrera–empresa y hacer la estrategia en gran detalle, pero creo que lo más importante está planteado. Lo siguiente es decidirse a manejar empresarialmente la carrera, con ética, pasión y entusiasmo. No es sencillo, pero es la única opción que tenemos para mantenernos competitivos, vigentes y con permanente demanda por nuestros servicios.
Ser empleables en el mercado de hoy no es un lujo, es una necesidad imperiosa para enfrentar los mercados cambiantes e inciertos que la realidad económica del mundo nos impone. ¡Suerte en sus carreras–empresas!

Empresario de ti mismo

Cada vez son más las mujeres profesionales con éxito. Nuevas generaciones de peruanas avanzan con tal empuje que pronto serán la mitad de la fuerza laboral ejecutiva en el país. Y lo interesante de este proceso es que estas mujeres tienen paradigmas muy distintos a los de las pioneras que les abrieron paso.
Hoy las ejecutivas peruanas tenemos “derecho” a aspirar no solo al éxito profesional, sino también al personal. Eso significa que ya no está vigente la “elección” excluyente de antes: carrera o vida familiar.
Hoy, aunque con mucho esfuerzo de organización, como es evidente, una mujer que trabaja fuera de su casa no renuncia a tener una vida personal, familiar, sentimental o de responsabilidad social satisfactoria. La “carrera o el matrimonio”, típica disyuntiva de antes, no son hoy una elección excluyente. Así, el “sacrificio” de una elegir una versus otra, no es más una opción, sino una excusa.
Hoy las ejecutivas peruanas esperamos tenerlo todo. Ese es el gran cambio en nuestro paradigma. Encontramos ya muchas exitosas ejecutivas que son a la vez realizadas madres de familia, felices esposas y miembros activos de su comunidad. Ellas logran su definición personal de éxito sin el sentimiento de culpa impuesto por bienintencionados: “¿No están tus hijos, tu casa o tu marido abandonados? ¿Cómo haces? Pobrecitos, ¿quién se ocupa de ellos? o ¿cómo te aguantan?”

Las ejecutivas peruanas hemos elevado nuestros “techos de cristal”. Aspiramos y logramos éxito profesional y personal por igual, pese a las muchas limitantes autoimpuestas del pasado: “Yo no puedo porque soy mujer” o “ no puedo porque los hombres no me dan espacio” o “son machistas” o “no, yo soy de provincia” o “no me deja mi pareja’.
Cayeron las excusas, las limitantes. Creo que las ejecutivas peruanas de hoy y, sobretodo, las más jóvenes, vienen con mucha fuerza, ambiciones y capacidad de contribuir al desarrollo de nuestro país.
¿Cómo lo hacen? El “truco” –según me dicen cada vez que les pregunto- es, primero, permitirse a aspirar todo el éxito que desean, luego, hacerse un plan de vida y carrera y, finalmente, diseñar la estrategias que les permitirán organizarse para lograr las metas, paso a paso. La voluntad y la perseverancia en este trabajo son virtudes evidentes, así como la fe en uno mismo y la fortaleza de no desistir frente a los obstáculos que se van presentando, sino usar la inteligencia para crecer y aprender de ellos.
También veo en ellas un desdén por las típicas “burlas” de antes: “Las jefas son terribles”, “no tiene vida personal”, “ascendió usando ‘otras’ estrategias”, “sale adelante porque no le queda otra, tiene que mantener a una familia” o “no hay peor enemiga de una mujer que otra mujer”.
Pertenecer a OWIT Perú me ha permitido entender que las ejecutivas peruanas necesitamos más mentores, hombres y mujeres, en los cuales confiar, de quienes aprender y ser guiadas. También que debemos fortalecer nuestras redes contactos profesionales y personales para mantenernos vigentes y aprender de quienes -sean hombres o mujeres- se fijan y luchan por metas tan altas que vale la pena seguir su ejemplo.

Ejecutivas: hacia el éxito personal y laboral

Un estudio mundial de DBM reveló que ante una vacante para un puesto de gerente, el 85% de las corporaciones opta por promover internamente. La pregunta entonces es: ¿Cómo saber si usted o alguno de sus colaboradores tiene la talla para convertirse en gerente de su empresa?
Para saberlo, haga la prueba que le presento a continuación y que sirve para evaluar 10 factores clave presentes en gerentes exitosos. Usando una escala del 1 al 10 (1=pobre, 10= excepcional), compare su habilidad contra cada factor clave. Luego verifique sus resultados contra la cartilla de puntaje.
COMPETENCIAS:

Flexibilidad. ¿Es capaz de adaptarse fácil y rápidamente a entornos dinámicos? ¿Florece con el cambio?
Baja aversión al riesgo. ¿Es capaz de aceptar y manejar apropiadamente los riesgos y utilizarlos en favor de la organización? ¿Puede aventurar en lo desconocido y facilitar los mecanismos que eleven a su compañía a una posición de ventaja competitiva?
Perspicacia en los negocios. ¿Está siempre al tanto de las tendencias, prácticas y políticas que afectan a la industria y al mercado? ¿Tiene un gran conocimiento de la competencia y un buen manejo de estrategias y tácticas efectivas que funcionan en el mercado?
Visión. ¿Es capaz de crear y comunicar un sentido de propósito que comprometa a la gente? ¿Puede guiar a la empresa hacia el futuro sin enfrascarse en el detalle de la realidad de hoy? ¿Puede comunicarse efectivamente, depurar mucha información e identificar posibilidades y oportunidades?
Actitud positiva hacia lo ambiguo e incierto. ¿Puede aceptar y lidiar con el cambio y usarlo como ventaja? ¿Puede actuar sin tener toda la información disponible?
Agilidad estratégica. ¿Puede ver claramente hacia adelante, anticiparse a las consecuencias y actuar acertadamente de acuerdo a las tendencias? ¿Tiene amplios conocimientos y perspectiva? ¿Puede articular adecuadamente una visión, estrategias y planes?
Enfoque hacia el del cliente. ¿Posee un entendimiento claro de las necesidades, preferencias, intereses, y criterios de decisión del cliente? ¿Puede identificarse con el cliente y hablar su mismo lenguaje?
Comunicador. ¿Se relaciona bien con todas las personas, arriba, abajo, dentro y fuera de la organización? ¿Es capaz de influenciar y estimular a otros y construir relaciones constructivas?
Motivador. ¿Es capaz de motivar, persuadir e inspirar a otros, comunicar y vender la visión de su empresa?
Estudioso. ¿Capta conceptos rápidamente? ¿Es insistente y versátil? ¿Puede analizar tanto el fracaso como el éxito y aprender de la experiencia?

¿Tiene talla de gerente?

Si el puesto que ocupo en mi empresa estuviera hoy vacante, ¿me lo ofrecerían nuevamente? Sea sincero en su respuesta; evalúe con realismo su nivel de empleabilidad.
El mundo del trabajo de hoy es muy diferente al de hace unos años, cuando con algo de suerte podíamos hacer carrera en una o dos buenas empresas. Hoy el crecimiento trae consigo muchos cambios que sorprenden por su velocidad. Ninguna empresa puede garantizarnos trabajo seguro, ni siquiera siendo un buen trabajador que construye valor y contribuye al resultado. Es más, ninguna compañía puede garantizar siquiera su propia continuidad, por buena o rentable que sea.
Entonces, es momento de asumir con mucho realismo y plena conciencia que la seguridad laboral no viene de las empresas ni de tener un trabajo, sino de uno mismo, ya que somos nosotros quienes labramos nuestro destino laboral.
Hoy por hoy, la única manera de lograr "seguridad" laboral es tener un nivel de empleabilidad competitivo a estándares internacionales. Vivir en el Perú no nos "protege" de la necesidad de ser tan competitivos o estar tan vigentes como cualquier otro profesional en el planeta.
¿Cómo lograr ese nivel? Una manera práctica de hacerlo es comprender que estamos en el "negocio" de vender nuestros servicios profesionales, generando valor cada día de la semana. Sí. Todos los peruanos queremos ser empresarios. Tener nuestro negocio propio, trabajar para uno mismo, hacer dinero, trascender, tener seguridad, triunfar. Entonces, administremos nuestra carrera como el mejor negocio propio. Debemos reconocernos ya mismo como empresarios de los servicios que vendemos: nuestras habilidades, competencias, intereses, valores, logros y resultados, todo aquello que genera una adición constante y significativa al valor del negocio.
Recordemos que no nos pagan por ir a trabajar, sino por generar resultados y agregar valor. Por ello, ver y asumir nuestro trabajo y nuestra carrera como nuestra propia empresa nos da mejores posibilidades de tener control sobre nuestro proyecto de vida laboral. No importa cómo cobre formalmente por sus servicios, sea quinta categoría, boleta de honorarios o factura, lo importante es tener clientes (uno o varios) y que cada cliente esté contento, quiera seguir renovando el "contrato emocional" con nuestros servicios y que los encuentre valiosos y competitivos.
Ser exitoso en el mundo laboral nos obliga a redefinir prioridades, a reinventarnos de tiempo en tiempo y tener cabal conciencia del impacto de nuestra actitud en las relaciones interpersonales, en especial en nuestro enfoque y trato diario hacia nuestros jefes, nuestros principales clientes.
Necesitamos hacer un plan de negocio claro que defina a dónde queremos llegar, qué necesitamos saber o hacer para llegar allí y cuál será el costo profesional y personal de hacerlo. Eso es establecer una visión personal y un plan de vida que nos permita avanzar según lo planeado, revisar lo logrado y ajustar la estrategia según la demanda, tal como lo hace cualquier empresa competitiva.
Es también crítico tener un plan de márketing personal que nos permita un posicionamiento claro en el mercado laboral, definiendo nuestras ventajas competitivas, valores, aportes y manejo de marca personal.
El objetivo final de todo este trabajo es siempre tener demanda, es decir, ser reconocido por nuestra capacidad de agregar valor éticamente, brindar servicios de calidad de manera continua y creciente y tener una red de contactos que así lo sepa. En suma: ¡tener un buen nivel de empleabilidad!

Dueño de uno mismo

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