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Algunas personas tienen dificultades para hablar ante grandes o pequeños auditorios, y en un mundo en el que saber comunicarse o influir en un grupo de gente es cada día más importante, esa puede ser una desventaja......pero es tan importante? Hay algo que podamos hacer?

¿Hablas bien en público?

Mucha gente cree que contactos son todas aquellas personas importantes que nos conocen y nos van a dar un tarjetazo para conseguir un buen trabajo, y nada es más errado que eso. Los contactos son los vínculos que tenemos con aquellas personas que nos respetan y nos estiman y a las cuales respetamos y estimamos. Nosotros debemos mantener relaciones cálidas con ellos e interesarnos por sus vidas

Qué hacer y qué no hacer con tu red de contactos

A veces las cosas no salen como quisiéramos y se complican, se demoran, se enredan…Puede tratarse de un proyecto atracado en la oficina, de un equipo que no termina de integrarse o de la salud de un familiar querido que no mejora tan rápido como esperamos.
Y fruncimos el ceño, expresamos nuestra molestia, buscamos culpables y maldecimos hasta a la mosca que da vueltas por la habitación. Amargos y frustrados nos preguntamos “¿por qué me pasa esto a mí?”.
No hace mucho estaba yo en una de esas situaciones y mi mal ánimo era transparente para todos, mi hija se me acercó y muy calmadamente me dijo al oído: “Mamá, tu cara no me ayuda”.
La miré con sorpresa. “¿A qué te refieres?”, dije tratando de justificar mi actitud –la única que me sentía humanamente capaz de tener dadas las circunstancias–. “Necesito tu buena vibra y energía”, me dijo. “Necesito que estés bien y que seas tú la que nos digas que todo va a estar bien”.
Así, en un instante caí en cuenta de mi error: estaba tan focalizada en mi propio malestar que había perdido la perspectiva de que la protagonista no era yo. Al dejarme llevar por mis emociones, estaba impactando
negativamente en la energía de los demás, energía tan necesaria para enfrentar los retos, especialmente los de largo aliento.
Esta experiencia me llevó a reflexionar sobre cómo en el trabajo a veces nos metemos tanto en los problemas que olvidamos que nuestros colaboradores leen atentos nuestro lenguaje corporal y buscan
interpretar en nuestros mensajes no verbales (gestos y caras) señales que ojalá les transmitan tranquilidad.
Olvidamos que nos debemos a ellos, que necesitan de nosotros y todo nuestro buen ánimo y espíritu positivo para energizarse y poder continuar en la brega, sobre todo y especialmente, en épocas de cambio o incertidumbre, o cuando hay dificultades que podrían impactarlos directamente. Jack Welch, el ex presidente de GE, lo expresó muy bien: “Liderar es sobre ellos, no sobre nosotros”.
Creo que aprendí la lección: hoy en casa y en la oficina hago mi mejor esfuerzo para tratar de mantener siempre mi espíritu en alto y ojalá inspirar a los demás. Y aunque a veces me es muy difícil, trato de no perder la calma ni la sonrisa, en beneficio de los demás…. ¡y del mío también!
Y casi siempre funciona.....

Tu cara no me ayuda

La actitud hace toda la diferencia, es un hecho. Como dice una conocida frase; "uno no puede cambiar la cara que tiene, pero sí la cara que pone". No juguemos en contracorriente y aprendamos a vivir con 'buena cara' y porque no, a hablar sonriendo. Una actitud positiva nos traerá muy buenos resultados a nuestra vida laboral.

Gente que sonríe

Para conseguir metas y objetivos, la displina es fundamental. ¿Tienes esa virtud? ¿Has pensado mucho en ella? Comparto algunas ideas....

Disciplina

Me siento a escribir sobre el carisma y su importancia para la empleabilidad y lo único que me viene a la cabeza es el proceso electoral. Me trato de concentrar en lo mío, compartiendo mis experiencias sobre cómo el carisma y la energía positiva son muchas veces el factor diferenciador entre quienes compiten por un trabajo, un ascenso o por clientes para su negocio, pero confieso que mi atención y corazón están puestos en estos momentos tan serios que vive el Perú. Es como el elefante que está bajo la mesa y que no nos deja pensar en nada más.
Mi especialidad y misión personal es ayudar a que más peruanos eleven su nivel de empleabilidad para que el Perú sea más productivo y competitivo. Sin embargo, lo único en lo que puedo pensar ahora es en cómo hacer para que el Perú no pierda ese brillo de país ganador que alcanzó en los últimos años. En cómo evitar desperdiciar ese “reencuentro” con nuestra autoestima nacional y el amor por las cosas que nos definen y de las que estamos todos orgullosos.
Y es que los peruanos empezamos a descubrir las oportunidades que nuestro país puede ofrecer si trabajamos con pasión, fuerza y disciplina, aunque todavía hay tantísimo más que hacer para dar oportunidades a quienes aún no las han visto…
No conozco el mundo de la política. Yo solo conozco el mundo del trabajo y la empresa: diariamente comparto con personas que dependen de su esfuerzo y talento para llevar el sustento a sus casas. Personas que quieren mejorar, crecer, crearse un mejor destino.
Por eso me preocupa tremendamente que empresas de todo tamaño y tipo dejen de contratar y suspendan sus planes de crecimiento ante la falta de seguridad para sus inversiones, o que empiecen a llevárselas a países que ofrecen respeto a los acuerdos ya tomados. Me preocupa el efecto que pueda tener la falta de confianza en el futuro sobre el mercado laboral y que se pierda el interés por capacitar y desarrollar al personal.
Sé que estoy metiéndome en asuntos políticos y que esas son aguas ajenas para mí. Sin embargo, como peruana siento que el país es mío también, y me rebela pensar que nos pongamos al borde del precipicio por los intereses de poder de quienes poco sabrían de generar riqueza y trabajo, y menos de cómo protegerlos.
¡Trabajo y oportunidades es lo que no podemos perder!

El elefante bajo la mesa

Aquí estoy, estudiando otra vez. Debo confesar que animarme a volver a clases me costó muchísimo. ¿Y en qué tiempo? –pensé–. Si ya hago tantas cosas y no necesito más presión en mi agenda. ¡Es una locura! –llegué a decirme–. A estas alturas de mi vida, ¿ya para qué?
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Pero cuando mi reflexión llegó a ese punto, me quedé sin argumentos…
En mi discurso de elevar nuestros niveles de empleabilidad, competitividad individual y el valor de nuestra marca personal, siempre insisto en la importancia de mantenernos vigentes, de no caer en la complacencia de pensar: “Así estoy bien”.
Es más, uno de mis temas favoritos en el ámbito del márketing personal es evitar la arrogancia de creer que no necesitamos aprender más.
Y así sentí el impacto de mi propia conciencia diciéndome: “¿Dónde está tu consistencia? ¿Hablas de eso y tú no lo haces?” (en mi descargo, debo decir que siempre tomo cursos y seminarios, pero este era un compromiso académico más exigente).
¿Con qué autoridad moral vas a seguir sugiriendo a otros que inviertan en su educación si tú no lo haces? Y ustedes saben cómo es cuando la voz de la conciencia nos tortura…
Entonces recordé cómo les insisto a mis clientes que no corten sus presupuestos de capacitación y que tomen conciencia de la importancia de invertir en el desarrollo de su gente: es la mejor inversión que existe y la de mejor retorno.
El argumento de la integridad también me rondaba. Mantener los mismos valores y comportamiento en todos los ámbitos de mi vida.
Y, ¿con qué cara –pensé– puedo vivir animando a mis hijos a mejorar sus perfiles académicos si yo no lo hago?
Por otro lado, manejo una empresa exitosa que tiene el 90% de su mercado, ¿para qué más esfuerzo? –me dije–.
Y allí recordé el error que cometemos los empresarios al creer que somos el mejor gerente que nuestra compañía necesita, o que el éxito pasado garantizará el futuro, lo que limita las posibilidades de crecimiento de la empresa y de los que en ella trabajan.
Así que aquí estoy. Revisando todos mis supuestos, incorporando ideas nuevas, ensanchando mis paradigmas, obligando a mi mente a ser más flexible. ¿Y saben qué más? ¡Disfrutándolo mucho!

De vuelta a clases

Hay dos tipos de personas en las empresa: el herbívoro y el carnívoro. El primero es aquel que se conforma con lo que hace, aporta lo justo y no ambiciona mucho, mientras que el segundo es aquel que sale a ‘cazar’ mejores resultados y a agregar más valor pues sabe que su puesto de trabajo no está nunca asegurado. El carnívoro es más empleable y es el que, en definitiva, tendrá más oportunidades en el mercado. ¿Tú cuál de los dos eres?

¿Eres herbívoro o carnívoro?

La definición de liderazgo que más me gusta es aquella que dice que el líder es el que se hace cargo de la una situación y asume la responsabilidad por el resultado. Es el que se compromete. El liderazgo no es un tema de personalidad ni es una virtud que se aprende, es simplemente una voluntad de resolver los problemas y de preocuparse por las otras personas e inspirarlas a que saquen su mejor “yo”. ¿Tú te consideras un líder?

El líder que todos llevamos dentro

Para el Perú, yo quiero un líder con valores y que viva con integridad. Un líder que nos pueda hablar de valores con la cara en alto, porque los vive con consistencia en cada uno de sus actos. Un líder que les juegue limpio a su familia y a su país, del que nos sintamos orgullosos por su talento, pero también por su autoridad moral. Quiero un líder que ponga los valores en la agenda nacional y que sea el ejemplo de quién queremos ser los peruanos.
¿Estaré pidiendo mucho? No lo creo. Como un país que ha recuperado su autoestima y que está creciendo rápidamente con institucionalidad, ya no tenemos que resignarnos a aceptar líderes mediocres, sin ética ni valores.
Hoy tenemos mejores referentes y ejemplos de quienes triunfan haciendo las cosas bien. Conocemos las historias y hemos leído los discursos y entrevistas de quienes tienen éxito a punta de trabajo y esfuerzo, disciplina, honestidad, rectitud, palabra, autocontrol, responsabilidad individual y, sobre todo, de un respeto profundo por los demás, por más diferentes que estos sean.
Todos nos hemos sentido inspirados por estos visionarios que nos hablan de estos valores básicos para triunfar como personas y como país, para consolidar el desarrollo y para dar un salto enorme que nos convierta en una nación de Primer Mundo. Sus mensajes nos inspiran y nos hacen desear ser mejores. Se han convertido en nuestros modelos para conectarnos con lo que define el éxito duradero y, sobre todo, para revolucionar el ejemplo que reciben nuestros niños y jóvenes.
Pero, claramente, el tema de los valores es uno tocado solo como una moda por los políticos, y no es un tema ‘atractivo’ para mucha de la prensa poco responsable. Quizá por eso no se ha exigido a los aspirantes a líder que demuestren total respeto por los valores.
Sin embargo, como ciudadana sí veo la imperiosa necesidad de que analicemos a fondo y comparemos a los futuros líderes en función de sus ideas y propuestas, pero que pongamos el foco en lo verdaderamente importante: su ética, su moral, la firmeza de sus valores y de su carácter. Que sean ejemplo de integridad para enfrentar la corrupción. El Perú no merece menos.
¡Exijamos más!

Yo quiero un líder con valores

A veces, en un afán de mostrarnos serias en la oficina, las personas en general dejamos de lado dos cosas vitales: nuestro carisma y humanidad. A continuación, algunos ideas para evitar que eso ocurra.

Humanidad en la oficina

El mundo del trabajo está cambiando muy rápido. Lo vemos cada día en las noticias que nos cuentan de gigantes bancarios que tambalean o de grandes multinacionales que recortan miles de empleos. Perú parece que todavía seguirán creciendo algo este año, pero eso no significa que el panorama vaya a ser del todo fácil. La competencia por los mejores trabajos será cada vez más dura. ¿Está listo para competir?
Lo primero que debe tener presente es que el mercado laboral está cada vez más exigente. Ninguna empresa, y hoy menos que nunca, nos va a mantener solo por ser trabajadores o leales. Nos tienen que considerar un recurso estratégico, uno que genera valor, claro y concreto, cada día de la semana. Por eso es clave saber bien cuál es el impacto de lo que hacemos en la vida de la empresa. Es decir, estar bien alineado con el jefe y con lo que espera de nuestro aporte concreto a los resultados del negocio, con la misión de la organización y sus estrategias. Y claro, contribuir activamente a ellos, sin excusas.
Como proveedores de servicios profesionales que somos, tenemos la obligación de garantizar que la calidad de nuestros servicios sea la más competitiva y por supuesto, ¡muy vigente!
Otro factor que debemos tener presente es que no existen indicadores “peruanos”. La regla con la que nos miden aquí, en términos de nuestros indicadores de gestión, son internacionales. Eso significa que no por estar en el Perú estamos protegidos de lo que pasa en el resto del mundo. Lamentablemente, hay todavía mucha gente que piensa que en el país no somos tan exigentes, que nos podemos dar el lujo de estar un poquito más atrás o de saber o dar un poquito menos. Eso, hoy más que nunca, es un error garrafal.
Es vital que seamos conscientes que todos estamos siendo medidos con la misma vara con la que nos pueden medir en cualquier otro país del mundo: sea Polonia, Estados Unidos, Alemania, Chile o Panamá. Por tanto, los niveles de autoexigencia y empleabilidad que entreguemos deben ser los mismos que en esos países. El mercado laboral no solamente lo demanda, sino que lo exige.
Muchas veces, esa falta de una perspectiva, de la visión de un mundo internacional, hace que muchos olviden que la competencia es despiadada y, lamentablemente, nadie, salvo nosotros mismos y nuestra capacidad para competir, puede protegernos.

Pero no basta solo con nuestro conocimiento. Debemos estar preparados en nuestras “competencias soft” o como se denomina a aquellas competencias que definen los rasgos de personalidad de un profesional. Se trata no solamente de aquellas competencias ya mencionadas, como la cultura de empleabilidad o la capacidad de liderazgo, sino también de habilidades para la comunicación, la negociación, la política organizacional, el manejo del cambio, el marketing personal, la ética, la flexibilidad, la capacidad de innovación y la responsabilidad social.
Definitivamente, las habilidades técnicas no son suficientes. Lo que hace la diferencia entre un profesional y otro es aquel bagaje de habilidades soft, de rasgos y competencias de personalidad y habilidades para la vida que tienen unos frente a otros.
Al final del día, las empresas mantendrán en su equipo o contratarán a aquellas personas que puedan hacer el trabajo, que están dispuestas a hacerlo y cuyos valores encajen y sumen a la organización.
Entonces, retomo la pregunta, ¿está listo para este mercado laboral más retador que nunca? Si su respuesta es sí, felicitaciones. Si cree que no, ¿qué espera para trabajar por su empleabilidad? Las condiciones laborales pueden cambiar con rapidez. No se demore.

¿Listo para el mercado laboral de hoy?

Qué Hacer y Qué no Hacer en Una Entrevista

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